¿Somos niños berrinchudos o cristianos maduros?

La madures cristiana depende totalmente de una relación espiritual con Cristo, mediante su palabra y el Espíritu Santo y a través de la edificación mutua con los miembros de la iglesia

Yo, hermanos, no pude dirigirme a ustedes como a espirituales, sino como a inmaduros,[a] apenas niños en Cristo. Les di leche porque no podían asimilar alimento sólido, ni pueden todavía, pues aún son inmaduros. Mientras haya entre ustedes celos y contiendas, ¿no serán inmaduros? ¿Acaso no se están comportando según criterios meramente humanos? Cuando uno afirma: «Yo sigo a Pablo», y otro: «Yo sigo a Apolos», ¿no es porque están actuando con criterios humanos? 1 Corintios 3:1-4 NVI.

La madures o crecimiento de una iglesia se mide por la unidad con la que esta se rige; significa firmeza en la doctrina, uniformidad en la liturgia y siempre sujetos a la autoridad puesta por Dios. La unidad que la iglesia vive como una comunidad y como cuerpo de Cristo es lo visible de su relación espiritual con Cristo. Lo antes dicho depende de la madures de cada creyente, la iglesia refleja la realidad espiritual de cada miembro congregante.

La verdadera espiritualidad de la iglesia debe ser cultivada permanentemente con la palabra de Dios. Una iglesia que no es responsable en su trato de sus necesidades en Dios y en su palabra no puede crecer con solides y por lo mismo no da buenos frutos.

Hoy es buen tiempo para dejar ya de ser niños llorones y berrinchudos, es tiempo de crecer hasta la madures y estar prestos para servir a Dios con los mejores frutos. El tiempo que llevamos en una congregación no define nuestra madures, la madures cristiana depende totalmente de una relación espiritual con Cristo, mediante su palabra y el Espíritu Santo y a través de la edificación mutua con los miembros de la iglesia, quienes son el cuerpo de Cristo.

La Biblia también dice:

De este modo, todos llegaremos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a una humanidad perfecta que se conforme a la plena estatura de Cristo. Así ya no seremos niños, zarandeados por las olas y llevados de aquí para allá por todo viento de enseñanza y por la astucia y los artificios de quienes emplean artimañas engañosas. Más bien, al vivir la verdad con amor, creceremos hasta ser en todo como aquel que es la cabeza, es decir, Cristo. Efesios 4:13-15 NVI.

Hermanos, no sean niños en su modo de pensar. Sean niños en cuanto a la malicia, pero adultos en su modo de pensar. 1 Corintios 14:20 NVI.

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