Un día terminará tu sufrimiento

Para unos el sufrimiento se convertirá en alegría eterna, pero para otros el dolor que hoy sufren no se compara en nada con el infierno que les espera.

 “Él les enjugará toda lágrima de los ojos. Ya no habrá muerte, ni llanto, ni lamento ni dolor, porque las primeras cosas han dejado de existir.” Apocalipsis 21:4 NVI

Para los hijos de Dios un día terminará el sufrimiento y el dolor, será en ese momento cuando hayamos vencido a la muerte, cuando hayamos recibido la gloria de Dios con un cuerpo como el de nuestro Salvador Jesús, cuando por fin estemos en una relación total con Dios, cuando seamos cubiertos plenamente con la presencia de Dios. Sin embargo, esto que recibiremos y que viviremos en un futuro cercano, es una realidad en nuestro presente.

Ahora mismo debemos estar viviendo las primicias de lo que un día será total y consumado. Dios en Cristo no hace partícipes de todas las bendiciones, promesa y riquezas celestiales, cosas que ya debemos experimentar todos los días de nuestras vidas. La calidad de nuestra vida hoy depende de estar en Cristo disfrutando ya de su victoria, del gozo, de la paz y de la vida eterna, por lo mismo, aunque estemos en medio de tribulaciones, con Cristo estamos bien, pero más bien lo estaremos cuando llegue el día de la consumación.

Por ahora también somos alentados y advertidos por el sufrimiento que puede llegar a enfrentar un cristiano fiel en este mundo por cusa del evangelio, y este dolor puede aumentar a medida de la cercanía de la segunda venida de Cristo, cuando la maldad aumente y los hijos de Dios sean aborrecidos.

Por esto mismo, desde el inicio de nuestra vida de fe en Cristo, fuimos invitados a la auto negación y a disponer en nuestro corazón cargar la pesada y dolorosa Cruz por nuestro salvador, tal como el también cargó la cruz para salvarnos. La aceptación de nuestro sufrimiento, es por gratitud en virtud de él don inmerecido de nuestra salvación.

Por esto mismo, son pertinentes para nuestro tiempo las poderosas palabras de nuestro Señor Jesucristo cuando dijo: Ciertamente les aseguro que ustedes llorarán de dolor, mientras que el mundo se alegrará. Se pondrán tristes, pero su tristeza se convertirá en alegría. La mujer que está por dar a luz siente dolores porque ha llegado su momento, pero en cuanto nace la criatura se olvida de su angustia por la alegría de haber traído al mundo un nuevo ser. Lo mismo les pasa a ustedes: Ahora están tristes, pero cuando vuelva a verlos se alegrarán, y nadie les va a quitar esa alegría. Juan 16:20-22 NVI

Esto mismo nos motiva a esperar el gran día de gozo, pero a esperar de a de veras, amando a Dios con todo nuestro ser y sirviendo conforme el quiso que lo hiciéramos. Por eso la Biblia nos muestra que entre tanto llega ese momento glorioso de galardones y recompensas, siendo estos el cese de nuestros lamentos y tristezas, debemos estar actuando en la vida con fidelidad, en esas cosas que Dios por su infinito amor nos encargó hacer, por lo que Él mismo nos creo con capacidades y nos capacita permanentemente acorde con lo que Él nos pide hacer.

Por eso son las palaras escatológicas de la parábola de los talentos: El que había recibido las cinco mil monedas llegó con las otras cinco mil. “Señor —dijo—, usted me encargó cinco mil monedas. Mire, he ganado otras cinco mil”. Su señor le respondió: “¡Hiciste bien, siervo bueno y fiel! En lo poco has sido fiel; te pondré a cargo de mucho más. ¡Ven a compartir la felicidad de tu señor!” Mateo 25:20-21 NVI.

Esta parábola es la forma más sencilla de comprender como es que pasamos de esta condición de vida, en donde ciertamente hay gozo y a alegría, pero que también se hace presente la tristeza, a esa vida de gozo perpetuo. El que hoy se goza por servir en lo que ha recibido, recibirá más y mayor también será su alegría.

Que Dios te ayude a no perder la esperanza de que un día tu  tristeza se convertirá en gozo, y que si te toca sufrir, que seguramente así será, que Él consuele tu vida mientras perseveras hasta el día de la gran consumación final. Porque también se advierte del sufrimiento que aumentará para los que no creen en Dios: “Pero los cobardes, los incrédulos, los abominables, los asesinos, los que cometen inmoralidades sexuales, los que practican artes mágicas, los idólatras y todos los mentirosos recibirán como herencia el lago de fuego y azufre. Esta es la segunda muerte.” Apocalipsis 21:8 NVI

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