Dios lo ve y lo sabe todo

Aunque sea fácil ocultar delante de las personas una realidad a través de palabras falsas y manifestar una conducta fingida, no podemos ocultar nada delante de Dios. Dios nos conoce tal cual somos, sabe de nuestros propósitos y de lo que deseamos. Todas nuestras acciones quedan a la vista de Dios aunque tratemos de enterrarlas.

«La percepción que las personas tengan de nosotros si es importante, pero es más importante el concepto que Dios  tenga. Por lo tanto, si cuidamos nuestra conducta delante de Dios, ya no tenemos que preocuparnos por lo que el entorno piense, de todas maneras, seremos de bendición aunque tengan un mal concepto nuestro, porque Dios no usa a los aparentes, sino a los que son honestos delante de Él.»

Dios es omnisciente y omnipotente, es decir, lo sabe todo de manera anticipada y está en todas partes. Por lo tanto, la apariencia no sirve de nada, más bien debemos vivir conforme al corazón de Dios, dirigidos por Su Palabra mediante el Espíritu Santo, amando siempre a Cristo, así en él recibiremos una nueva naturaleza y su mente para agradar a Dios. Ser aparentes es engañarse a uno mismo, debemos aceptar como somos realmente, para poder amoldar nuestras vidas como Dios quiere que seamos.

No desperdiciemos la vida fingiendo ser lo que no somos, porque realmente, uno se sentirá como en verdad es  y no como aparentamos ser. Es decir, aunque tengamos apariencia de piedad nos sentiremos miserables, pero si realmente somos piadosos nos sentiremos felices.

Es por esto por lo que, el éxito verdadero inicia en lo secreto, en donde las personas no nos ven, pero tenemos presente que Dios lo ve y lo sabe todo, y ahí debemos anhelar honrarlo y vivir a su agrado. Es también en lo secreto en donde se muestra la verdadera santidad, y en donde se llevan a cabo oraciones que Dios responde en público.

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