Dios lo ve y lo sabe todo

Aunque sea fácil ocultar delante de las personas una realidad a través de palabras falsas y una conducta fingida, no podemos ocultar nada delante de Dios.

«La percepción que las personas tengan de nosotros si es importante, pero es más importante el concepto que Dios  tenga. Por lo tanto, si cuidamos nuestra conducta delante de Dios, ya no tenemos que preocuparnos por lo que el entorno piense, de todas maneras, seremos de bendición aunque tengan un mal concepto nuestro, porque Dios no usa a los aparentes, sino a los que son honestos delante de Él.»

Dios es omnisciente y omnipotente, es decir, lo sabe todo de manera anticipada y está en todas partes. Por lo tanto, en esto de la realidad de Dios, y la realidad humana, la apariencia no sirve de nada. Ser aparentes es engañarse a uno mismo, debemos aceptar como somos realmente, para poder amoldar nuestras vidas como Dios quiere que seamos.

Si no lo hacemos así estaremos perdiendo el tiempo, porque realmente, nos sentimos como somos y no como aparentamos ser. Es decir, si tenemos apariencia de piedad nos sentiremos miserables, pero si realmente somos piadosos nos sentiremos felices.

Es por esto, que el éxito verdadero inicia en lo secreto, en donde las personas no nos ven, pero tenemos presente que Dios lo ve y lo sabe todo, y ahí anhelamos honrarlo y vivir a su agrado. Es también en lo secreto, en donde se muestra la verdadera santidad, y la oración que Dios responde en público.

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