No dejar de orar y agradecer nos conviene

Un corazón agradecido estará siempre regocijado  a pesar de encontrarse en medio de angustias, y estará siempre con expectativas (esperando) la respuesta positiva de Dios a sus oraciones.

“Nuestras oraciones de fe deben ser motivadas por el deseo de adorara a Dios en gratitud con nuestras palabras, e impulsadas por el deleite que se siente al estar siempre en comunión con Dios. Nuestras oraciones no deben ser una carga, sino la oportunidad para descansar, no son una obligación, sino un privilegio.”

No debemos dejar de orar ni de agradecer a Dios. Ahora bien, dejar de orar es muy frecuente cuando no hay oraciones contestadas, ya sea que la respuesta no se parezca mucho a lo que se estuvo pidiendo, o que el silencio fue la respuesta de Dios. En todo caso, es probable que la gratitud también desparezca del corazón que siente o cree no tener ningún motivo para agradecer, porque precisamente, en ese momento se encuentra pasando por rachas difíciles.

Realmente la perseverancia y la gratitud en la oración, no es por lo rápido que Dios responda a nuestras oraciones, o por la ausencia total de nuestras adversidades, sino por la presencia de Dios y por la bendición más grande de la salvación. Pero además, porque la presencia de Dios nos libra de la sobre preocupación y nos da esperanza, porque donde está Él hay gozo paz.

Nuestra confianza en Dios no es circunstancial, ni ocasional, es por la convicción de quién es Él, y por el pleno convencimiento de cómo actúa para dar a sus hijos lo mejor como respuesta a sus oraciones. Por esto nuestra actitud debe ser siempre de agradecimiento, incluso,  de manera anticipada, seguros de que cualquiera o cuando quiera que sea la respuesta de Dios a nuestras oraciones, estas serán siempre las mejores.

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