La dicha de los que lloran

El consuelo que Dios da a sus hijos consiste en el perdón, en la confirmación de la esperanza gloriosa, en el fortalecimiento, en la liberación de la angustia y al infundirles paz.

“Dios consuela y perdona a todos aquellos que vienen a Él, traídos por el dolor que les provoca el pecado, a aquellos que son heridos por la injusticia de los malvados y a los que por causa del evangelio son aborrecidos. Dios no solamente los atiende con el consuelo, sino que también los corona con la vida eterna.”

El tipo de llanto que hace dichosa a una persona es aquel que es antecedido por la tristeza al reconocer su pecado, aunque dicha tristeza es para vida, porque llega el arrepentimiento y la búsqueda del perdón delante de Dios. También los hijos de Dios lloramos por el sufrimiento que provoca la maldad de los malos que se levantan contra nosotros, porque como hijos de Dios somos llamados a no responder con el mal a la maldad, sino con el bien, bendiciones y oraciones. La maldad de los impíos provoca dolor físico, emocional y espiritual en los creyentes, aunque los hijos de Dios por lo mismo tendremos esperanza divina y el consuelo de Dios.

Los padecimientos por la causa del evangelio también traerán muchos sufrimientos, pero con esos dolores también vendrá la gloria de Cristo, porque el padeció por nosotros y después fue exaltado hasta lo más alto. Esa misma promesa que consuela y ánima es para nosotros, si por la causa del testimonio de Cristo somos aborrecidos y lastimados. Actuemos con humildad, mansedumbre y con fidelidad como hijos de Dios y el mismo nos consolará y nos exaltará cando llegue el tiempo.

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