Dios es el que provee en nuestras necesidades

Todas las bendiciones materiales y espirituales se originan en Dios, y la dinámica que usa para bendecirnos, es la abundancia de nuestra generosidad y compasión. Esto no significa que nos ganemos las cosas, más bien es el resultado de la obra de Cristo en la vida humana, porque sólo se puede ser generosos cuando hemos comprendido la generosidad de Cristo en la cruz para salvarnos. Sin embargo, aun así Dios recompensa nuestras buenas obras.

«Es Dios el que hace que la tierra produzca el fruto que necesitamos para vivir. En el capítulo ocho y nueve de esta porción bíblica, se trata sobre una colecta que el Apóstol Pablo estaba haciendo para ayudar a los creyentes pobres de la región de Jerusalén. Así que, este texto que aquí tenemos, es una promesa que se hace para las iglesias para que estén dispuestos apoyar a los pobres de Jerusalén. Es así como Dios promete bendecirnos con el sustento cuando somos generosos con los que no tienen que comer o con los que están necesitados de alguna otra cosa elemental para sustentar el cuerpo.»

Nos debe quedar muy claro que aun teniendo necesidades, de alguna manera Dios siempre nos dará la bendición de ayudar a los que necesitan más que nosotros, o que también, podemos ayudarlos en algún aspecto de su vida. Esto es una bendición, porque siempre será mejor dar que recibir desde  la perspectiva de Jesús, pero además, porque ayudando a otros es como Dios suple también nuestras necesidades. Dios ve las bondades de nuestro corazón, se goza en ellos y nos bendice para ser más generosos.

El que cierra su mano para no dar, es porque tiene su corazón cerrado ante Dios, y el que cierra su corazón a Dios no confía en Él, y por lo tanto, tampoco depende de su favor. El que no pone su confianza en Dios para depender de Él, está vacío y es pobre, porque la miseria más grande en la vida humana es la ausencia de Dios.

Hay muchas personas pobres y debemos ir a ellos, no debemos esperar que ellos vengan a nosotros, porque en muchos casos no pueden hacerlo, pero además, debemos estar atentos de las personas que nos rodean, y así sabremos que hasta los más cercanos necesitan de nuestra generosidad. No perdamos la bendición de Dios para nosotros y para nuestras generaciones por la dureza de nuestro corazón. Ayudemos espiritual y materialmente a los que podamos y Dios nos suplirá conforme a sus riquezas celestiales. 

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