Incomparable amor

Estando cargados de pecados, viviendo bajo el poder del mal, sujetos a la maldición y al juicio eterno, recibimos la expresión más grande de amor, el amor que perdona, que salva, que cambia la tristeza por gozo y la muerte por vida. Este es amor de Dios con el que hoy somos amados.

Por medio de Cristo las bendiciones del cielo son nuestras, cuando por la fe en él acudimos a Dios en humilde arrepentimiento. Sólo a través de Cristo es posible librarnos de la perdición eterna, y además, sólo mediante él recibimos la salvación para vivir eternamente con Dios.

El infinito amor de Dios se manifestó de una forma infinitamente gloriosa. Este es el tema del texto de oro que se ha hecho tan querido a los hijos de Dios. Este versículo arroja luz sobre los siguientes aspectos de dicho amor: 1. su carácter (de tal manera amó), 2. su autor (Dios), 3. su objeto (el mundo), 4. su don (el Hijo, el unigénito), y 5. su propósito (que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna).

El amor con el que Dios nos ama es incomparable; primero, porque mereciendo únicamente la perdición eterna, gratuitamente y sin que hiciéramos nada, nos dio la salvación, lo cual es un don incalculable. En segundo lugar, entregó por nosotros lo único y la más preciado; “a su Unigénito Hijo”. ¿Alguien más podría entregar a su hijo, y además, por quien no lo merece?

Hoy debemos disfrutar de este amor, y con este tipo de amor debemos corresponder a Dios, ya que hasta la fe con la que debemos confiar en los méritos de Cristo, nos es implantada en el corazón, pues somos convencidos por el evangelio, mediante el poder del Espíritu Santo, quien hace efectiva la palabra en nosotros y nos convence de nuestros pecados. Si nuestra salvación es sólo obra de Dios, debemos responder con gratitud y total devoción.

Compartir