Tu vida puede estar muy bien con la gloria de Dios

Aunque el mal se hace presente en el mundo y en nuestras vidas, este nunca será capaz de quitarnos el placer de disfrutar los favores de Dios, incluso, no hay lugar para el poder del mal en nuestra vida cuando estamos bajo el amparo de Dios disfrutando de sus bondades. La victoria en nuestra vida es segura cuando vivimos radiantes por la gloria de Dios.

“Nuestra vida necesita la manifestación de la presencia de Dios porque el pecado siempre está delante de nosotros y debemos ser fuertes con el poder de Dios, con su Espíritu santificador y nunca nos debe faltar la palabra que transforma y restaura el corazón. Por otra parte, no podemos escapar de las tribulaciones, pero si podemos enfrentarlas con la mano poderosa de Dios, quien levanta a los caídos y nos sostiene con firmeza para estar bien a pesar del mal que nos acecha siempre.”

Dios nos promete su favor, además nos ha dado los medios para clamar por ello. Por esta bendición, sin dudar debemos buscar la ayuda de divina, entendamos que nuestra vida necesita de la gloria de Dios, ya que su manifestación en nuestro diario vivir nos edifica, nos ayuda a vivir para su gloria y podemos desarrollarnos de manera productiva en esta vida, sin menos afanes y en victoria sobre las angustias.

La presencia de las tribulaciones no es el problema, el problema es la ausencia de un carácter correcto ante ellas, la ausencia de una actitud firme y segura por la confianza en Dios, con la certeza de que la gloria de Dios en nosotros supera el mal que enfrentamos todos los días. Mediante esta realidad de la vida podemos darnos cuenta de nuestra condición espiritual, es decir, de lo diligente o negligente que somos en el trato con Dios, en nuestra vida devocional y comunión con él.

No importa la condición física o espiritual en la que ahora estamos, si en verdad buscamos a Dios por medio de Cristo somos vivificados, regenerados, sanados y rejuvenecidos espiritualmente para experimentar un avivamiento que nos haga disfrutar la presencia de Dios, la cual infunde paz en las tempestades y gozo en las tristezas. Sólo con la gracia de Dios en Cristo podemos ser salvos del mal en todas sus manifestaciones.

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