Cristo ofrendó su vida para salvarnos

La semejanza con los hombres, la forma de siervo que tomó Cristo en su condición y apariencia humana, la humillación consciente y voluntaria, y la obediencia que lo llevó hasta la muerte, sí, la muerte de cruz fue por nosotros.

“sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.” Filipenses 2:7-8 RVR1960

En este acto de encarnación Dios se vació a sí mismo, cargó la cruz por propia decisión, y aunque en la condición como de un esclavo parecía estar perdiendo contra el mal, sucedió todo lo contrario, ya que el propósito salvador de Dios se cumplió cuando dijo, “consumado es.

El Señor soberano de todo cuanto existe se convierte en siervo de todos, y que a pesar de eso continúa siendo Dueño y Señor. ¡Él tomó la forma de siervo, pero sin perder la forma de Dios! Y esto es precisamente lo que hace posible y perfecta nuestra salvación. Con este acto de Cristo el poder del pecado, de satanás y de la muerte fueron derrotados por Dios una vez y para siempre, por lo que la salvación nuestra es solo obra de Dios. En esta condición humana, bajo el peor de los dolores y ante tal vergüenza, Cristo continuó hasta el final, obedeció la exigencia de la justicia de Dios, pagó hasta el último de nuestros pecados y entregó lo que Dios pedía como ofrenda para purificar de nuestros pecados, él entregó su propia vida por la nuestra.

Todo esto es la manifestación del amor de Dios, porque nada bueno merecemos.Hoy con humildad debemos aceptar este sacrificio de Cristo como necesario en nuestra vida si es que queremos ser salvos, también debemos ser obedientes a Dios y humildes entre nosotros mismos. La soberbia ante Dios es la actitud de satanás, y satanás ya fue derrotado y será echado humillado por Dios al infierno, pero los que creamos en Cristo recibiremos la gloria celestial.

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