Nuestro destino final es vivir eternamente en la ciudad de Dios

Cristo es el Rey que destruyó las obras de satanás y nos quitó de debajo de su poder, en donde estábamos viendo en la esclavitud del pecado, pero ahora estamos unidos a Dios en Cristo, y un día estaremos viviendo con él para siempre en la ciudad celestial gloriosa.

“Salgamos, pues, a él, fuera del campamento, llevando su vituperio; porque no tenemos aquí ciudad permanente, sino que buscamos la por venir.” Hebreos 13:13-14 RVR1960

Debemos salir de nuestro yo para ir a Cristo, debemos dejar todo lo que estemos haciendo religiosamente en donde Cristo no está presente para ejercitar sólo nuestra fe en él, porque de nada sirve toda práctica cúltica si Cristo está ausente de nuestra vida y nuestra fe no se vive en él. Cristo fue crucificado fuera, porque sobre él fue puesta la maldición por el pecado, él voluntariamente aceptó esto para salvar nuestras vidas y para darnos la bendición de tener un lugar en su gloria.

Como hijos del reino de Cristo, estamos en este mundo hostil para ser sus testigos y siervos, por lo que aquí sufriremos infinidades de aflicciones, ya sea directamente por causa del evangelio, o porque Dios permite las adversidades para nuestro crecimiento y otros vean cómo vivimos por la fe y también pongan su fe en Cristo. Así como Cristo sufrió fuera del campamento, nosotros también sufriremos en este mundo, pero él también nos hará participantes de su gloria.

Nuestro mayor anhelo no es estar siempre en este mundo, sino en la gloria de Dios, por eso, no nos aferramos a nada en esta vida, más bien, con la fe en Cristo nos esforzamos en su gracia buscando sólo lo celestial. Es así como no esperamos gloria terrenal sino la celestial, y por lo mismo, somos conscientes que el mundo nos aborrecerá, pero estaremos bien bajo el consuelo y el amparo de Dios, mientras nos lleva con él a su ciudad celestial.

Compartir