Mantengamos siempre nuestra fe en Cristo

La fe es un don de Dios para confiar y edificarnos sólo en Cristo, por quien somos reconciliados con Dios, unidos a él y a su pueblo, y es así como podemos vivir santamente para la gloria de Dios disfrutando eterna salvación.

“Todas las cosas que no son de Dios afectan nuestro crecimiento espiritual, dañan la comunión entre los creyentes, pero también la relación con Dios, por eso todos debemos cuidarnos de estar siempre activos en nuestra fe, que no nos apartemos de Cristo, que él sea el centro de nuestra vida, la base de nuestra salvación y comunión espiritual con Dios y con nuestros hermanos.”

La edificación mutua y la fortaleza entre unos y otros nos ayuda a crecer saludables, a mantenernos activos en la oración, adoración, proclamación y así en todo lo concerniente a una fe genuina y activa. Debemos cuidarnos mutuamente para perseverar en Cristo, en sus enseñanzas y en su forma de vida.

Es bastante delicado, que muchos de los que hablan sobre la sana doctrina, y que muestran celos por las cosas santas se vuelven radicales y hasta peligrosos para el pueblo de Dios, porque ellos dicen creer en Cristo, pero no actúan con gracia y misericordia como Cristo lo hizo, dicen vivir para Cristo, pero no viven como Cristo, practican un tipo de fariseísmo y sectarismo.

Con la fe en Cristo siempre se puede estar arraigado en el conocimiento de la verdad, pero también en la práctica correcta de la vida cristiana, porque el buen conocimiento siempre precederá a la buena práctica de nuestra fe. Todo lo que Jesús y los apóstoles enseñaron es lo que tenemos que practicar, es así como debemos vivir, no caigamos en el juego de satanás, de pretender tener el conocimiento verdadero de nuestro Señor Jesucristo, pero que en la práctica reflejemos la vida farisea como los que crucificaron a Cristo.

Tomemos en cuanta que la fe perfecta es la que se origina en Dios y es en la que debemos esforzarnos y perseverar unidos con Dios y con su pueblo. Así podemos y debemos orar a Dios, buscando solo su voluntad, y como el Espíritu Santo sabe cuál es la voluntad de nuestro Padre celestial, debemos orar guido por él en el nombre de Cristo, de esta manera creceremos siempre provistos por Dios en todas nuestras necesidades.

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