Anhelemos obedecer a Dios por sus bondades

Los hechos de Dios en nuestra vida muestran que nos ha tratado mejor que lo que merecemos, que nos ha dado más que lo que esperamos y que pedimos. Por la infinita misericordia de Dios ha sido paciente ante el mal del corazón y pronto para socorrernos por el pecado y la tribulación que a cada rato invaden nuestro diario vivir.

«Ante las manifestaciones bondadosas y benevolentes de Dios debemos anhelar su instrucción en la verdad, para que de esta manera estemos más en capacidad espiritual de corresponder a sus buenos hechos, ya que él siempre hace que se cumplan sus promesas en nuestras vidas y nosotros debiéramos también hacer que se cumplan sus mandamientos en nuestro diario vivir.»

Debemos aprende a dejar nuestra vida al cuidado de Dios, a buscar en él todo lo que urge en el alma, pero también hay que ofrecerle a Dios todo lo que somos; cada don, pensamiento y acciones, porque incluso, el que él reciba todo esto, es parte del gran amor con que nos trata, pues si por nuestra imperfección no merecemos nada de él, por lo mismo no debiera recibir nada de nosotros, sin embargo, recibe todo, lo perfecciona y se glorifica, y también nos ayuda en la incredulidad de nuestro corazón.

Aun cuando nos sobrevienen momentos muy complicados debemos ser agradecidos con Dios, ya que ahí nos muestra sus bondades para ayudarnos a soportar todo, pero, además, encamina nuestra vida a él, nos orienta por el camino correcto y nos da a conocer sus mandamientos para vida eterna.

Nadie hay de bueno como Dios, porque en cualquier situación de la vida interviene con sus promesas y con sus mandamientos, de esta manera nos ayuda a superar nuestra falta de confianza y obediencia. Sus promesas impulsan nuestro corazón a esperar pacientemente en él, y sus mandamientos confrontan nuestra vida y nos convencen de nuestras maldades, y de responder como se debe a sus acciones bienhechoras.

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