Salvación y buenas obras

Hemos pensado equivocadamente que cuando Dios nos ha predestinado a salvación es un pretexto para dar rienda suelta a nuestro pecado, pues Dios no podría arrepentirse de salvarnos. En realidad, vivir en santidad es dar fe de ese llamado.

Cuando el Espíritu Santo pone en nuestra mente y en nuestro corazón la convicción de que somos hijos de Dios pone también en nosotros el actuar en obediencia a Él, es decir, las buenas obras son consecuencia fiel de esa salvación.

Estas buenas obras tampoco son producto de nuestra creatividad, en realidad Dios ha preparado esas buenas obras de antemano para que las hagamos. La Escritura enfatiza este hecho cuando dice: “Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.” (Efesios 2:10). Tanto la salvación, como el actuar correctamente, son producto del acto salvador de Dios en favor nuestro.

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