Adoremos a nuestro Gran Rey

Siempre debemos hablar bien de Dios y ofrecerle total reverencia, él es el Rey de toda la tierra, es el dueño de nuestras vidas, además, es el único que nos presta total interés, de tal manera, que nos ofrece todas las cosas y podemos tener comunión cercana. Todos los reyes de la tierra están bajo el poder de Dios, pero a través de Cristo se ha relacionado con nosotros como nunca nadie lo hará, y el propósito de esta relación es nuestra salvación. Dios lo gobierna todo, preside conforme a su voluntad, la cual se muestra en bondades, pero también su juicio se hace presente.

“Pueblos todos, batid las manos; Aclamad a Dios con voz de júbilo. Porque Jehová el Altísimo es temible; Rey grande sobre toda la tierra.” Salmos 47:1-2

Nuestras manifestaciones de gratitud a Dios deben tener su raíz en el corazón, nuestras palabras deben ser el resultado de saber quién es y de estar convencidos y agradecidos por lo que hace. Aunque la grandeza de Dios es incomparable, en su presencia podemos estar sin miedo, porque no es tirano, ni nos sujeta a la fuerza. Dios ha abierto caminos a él mediante el amor, en sus brazos tenemos lugar para hallar reposo y dulce calma. Nuestra reverencia a Dios debe ser de confianza, no de miedo, por amor, no obligados.

Cantar alegres a Dios es una forma de hacer fiesta en su presencia, es crear un escenario para decirle sobre nuestro amor, manifestar confianza y la disposición de nuestra vida para obedecer y servir. Pero también, adorar a Dios de manera visible y publica, es la ocasión para proclamarlo como Creador, a la ves que damos a conocer, que él es la fuente de nuestra salvación en Cristo, y que su propósito de bendiciones cotidianas para todos es maravilloso.

Adorar a Dios reconociendo sus atributos y sus manifestaciones de bondades en la vida, es un tiempo de comunión en donde somos fortalecidos para obtener la victoria guiados por su reinado, por eso incluso, toda nuestra vida debe ser un culto para él, un cuto lleno de gozo por la victoria que todos los días nos concede ante el pecado y las tribulaciones. Porque, aunque somos débiles, nos hace fuerte y si erramos nos perdona, y en cada adversidad obra para bien porque tiene el control de todo y su propósito salvador no cambia.

Que el saber que Dios está por encima de todo y en todo, nos de confianza y esperanza de que siempre estaremos bien, y que nuestras manifestaciones por amor y gratitud hacia él sean evidentes todo el tiempo.

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