Ven ahora, dice Dios, yo te perdono

No dejemos para mañana el reconciliarnos con Dios, hoy nos espera con los brazos abiertos para recibirnos y compartirnos la gracia del perdón, y con esto mismo nos dará gozo y paz, porque lo que le hace bien a la vida humana es la alegría de sentirse perdonados y de estar en paz con Dios.

«¡Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, ¡vendrán a ser como blanca lana!” Isaías 1:18

No pospongamos la comunión con Dios, porque no sabemos qué será de nosotros mañana, tampoco pensemos que con el paso del tiempo Dios olvida nuestras maldades o que solo desparece el efecto del mal. En realidad, el pecado destruye y enciende la ira de Dios.

En el propósito de nuestra creación estaba establecida nuestra intima comunión con Dios para disfrutarlo y para glorificarlo, por eso es por lo que las personas que no vuelven Dios en arrepentimiento no están bien en su vida interna, y Dios destruirá el pecado y al pecador no arrepentido. Dios nos ama tanto que es capaz de dar lo mejor para librarnos de lo peor; Dios dio a su Unigénito Hijo para que llevara nuestros pecados a la cruz y recibiera el castigo que nosotros merecíamos.

Dios siempre está dispuesto para arreglar cuentas antes que sea demasiado tarde, por eso a través del evangelio nos da la buena noticia de que cualquiera que sea nuestro pecado lo perdona, y nos concede la salvación y la vida eterna. La obra de Cristo en la cruz superó las obras de nuestros pecados, y aunque nuestras maldades son muchas, el amor de Dios sobre abunda aún más.

Por esto mismo no caigamos en la astucia del diablo, quien quiere hacernos pensar que hemos hecho tanto mal que no tenemos la oportunidad de ser recibidos por Dios, o que ya no tenemos perdón de Dios porque nos hemos equivocado muchas veces. Debemos reprender al maligno con la palabra que Dios nos ha dado: “vengan ahora, y serán emblanquecidos.”

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