Nuestro Rey de gloria

Dios es todo poderoso, está por encima de todo y nos es atrapado por el poder del mal, ni por las necesidades de este mundo. Dios está lejos de este mundo caído, pero a la vez lo gobierna con gran misericordia. Nada puede alcanzar a Dios, sin embargo, se ha revelado a nosotros como nuestro Rey, ha hecho visible sus hechos portentosos con los que derrama su amor para sostenernos y salvarnos en Cristo.

«Dios se relaciona con nosotros a pesar de nuestra condición física y espiritual, por eso ha establecido el medio perfecto, así podemos disfrutarlo y tener siempre todas las cosas que ha prometido y quiere darnos. Fuera de Cristo no hay ningún otro medio dado por Dios para acudir a él y tener su gracia en este mundo, con la que podemos enfrentar el mal y estar bien participando de sus bendiciones.»

Cuando reconocemos en nuestros corazones quién es Dios podemos ser libres del mal destructor, porque satanás siempre busca influir en la vida para que estemos en contra de Dios, ya que así a nadie le puede ir bien, pero al darle el lugar que le corresponde a Dios el mal dejará de someternos al pecado y a la muerte eterna, por el contrario, disfrutaremos la gloria de Dios.

 Aceptemos desde lo profundo de nuestro ser la autoridad de Dios, actuemos con reverencia ante su voz que nos gobierna, nos dirige a la vida, y nos persevera a pesar de toda oposición, ya que Dios se ha manifestado en el mundo para vencer el mal a través del sacrificio redentor de Cristo.

El Dios soberanos, Rey de reyes se hizo como uno de nosotros, para sacarnos del mal destructor, por eso con total confianza y obediencia debemos aceptar el ofrecimiento de su ayuda. Dios nunca ha perdido ninguna batalla ante satanás, ni sus propósitos han sido frustrados. Dios siempre será el Rey poderoso y nosotros seremos victorioso si los aceptamos de todo corazón.

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