Dios nos espera

La soledad profunda y devastadora que el ser humano puede llegar a sufrir es parte de los efectos del pecado original que tenemos como herencia de Adán y de Eva, pero es también por causa de nuestra decisión voluntaria para pecar contra Dios. Recordemos que el pecado nos separa de Dios, y como Dios nos creó para estar relacionados con él, para su gloria y para que lo disfrutemos, por eso es por lo que al no vivir cerca de él sufriremos el mal.

«Los que somos creyentes debemos cultivar la comunión con Dios, en el caso nuestro debemos estar a solas con Dios y no solos sin Dios. Solos sin Dios es la vida mas miserable que se puede experimentar, aunque nos hagamos estar acompañados de muchas cosas y personas, pero la mejor bendición es una vida asolas con Dios, cuando determinamos el tiempo necesario en la búsqueda de oír su voz a través de sus palabras y para que el escuche nuestra voz a través de nuestras oraciones.»

Todos nuestros días deben ser dedicados a Dios, pero con la dedicación del día inicia nuestra dedicación personal y la búsqueda de su presencia para asistirnos de su gracia y de su poder, y de todo aquello necesario para que el día sea de victoria y consagración. Sólo cuando aprendemos a depender de Dios podemos confiar y obedecer, la confianza se muestra en la renuncia de nuestro egocentrismo y suficiencia, y en la obediencia se muestra nuestra determinación y convicción para dirigir nuestras vidas y todo el quehacer cotidiano conforme a sus normas.

Muchas cosas se renuevan al amanecer o en la soledad, las grandes batallas se planean en silencio y en un lugar exclusivo, así notros debemos buscar a Dios en la soledad para que nunca nos sintamos solos ni fracasados, sino que disfrutemos de su presencia, y para que nos prepare para los grandes momentos de las jornadas de el día, para que estemos en condiciones de responder a su nombre como se debe. Dios tiene lo que necesitamos y siempre está para favorecernos, por eso no dejemos para mañana lo que hoy necesitamos y así nuestro presente sea para su gloria. Apresurémonos para buscar a Dios, porque él nos espera.

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