Somos un solo cuerpo sustentado por Cristo

Las bendiciones de nuestra salvación en Cristo incluyen la unidad con él y con nuestros hermanos. Nuestra relación con Cristo es vital porque de él procede la vida a la vez que estableció una relación entre todos los que somos creyentes para el mutuo crecimiento. La iglesia existe por Cristo, siempre estará segura en Cristo y él le provee todo para su sano crecimiento y desarrollo. Los unos a los otros somos la provisión de Dios para estar bien, todos los dones y ministerios que tenemos sirven para vitalizarnos entre nosotros como miembros de la iglesia.

«Somos amados por Cristo, por eso nos da seguridad y funcionalidad, es decir, no dejará que como iglesia seamos destruidos, porque eso es como si él fuera destruido por el mal, por el contrario, el ha vencido al maligno y destruirá el mal para siempre. Funcionamos como un cuerpo santo para la gloria de Dios y servimos en el reino de Dios, esto es así porque Cristo es la cabeza y somo dirigidos por él y porque a cada miembro le ha dado una función en el ejercicio diario de la fe.»

Estamos bajo la constante vigilancia de Cristo, el conoce todos los peligros que corremos y a la perfección sabe lo que necesitamos y que nos hace bien, por esto es por lo que todas las cosas debemos buscarlas en Dios a través de Cristo. Aquello que está determinado para nosotros y que sirve para nuestro bien no nos será negado. El trato que Dios nos da es personal, pero no deja de ser comunitario, por esta razón nuestra vida de fe debe aprenderse a vivir en comunidad, porque de la misma manera que Cristo nos ama a nosotros, ama también a los demás.

Debemos preocuparnos y ocuparnos del bien de todos nuestros hermanos, porque si amamos a Cristo este amor es también por su cuerpo y al buscar el bien de los demás miembros del cuerpo logramos nuestro propio bien. Si los miembros del cuerpo de Cristo están bien nosotros tendemos gozo, pero si algún miembro se duele los demás sufrimos. De manera esmerada hay que buscar servir a Dios, agradarlo en todo y dar frutos espirituales, lo cual será posible si permanecemos unidos a Cristo y a nuestros hermanos. Si aborrecemos a alguien aborrecemos a Cristo y si amamos a Cristo, lo mismo tiene que ser con todos. Vivamos contentos, confiados y unidos porque Cristo es nuestro sustentador.

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