El gozo sanador

Dios pide nuestro corazón, y no porque nuestro corazón sea bueno, sino porque Dios es bueno y quiere perdonarlo y restaurarlo. Un corazón perdonado es lo que el ser humano necesita para estar verdaderamente bien, y aun cuando la obra de restauración dura toda la vida, finalmente él completa su obra, así es consumado nuestro gozo y felicidad por siempre. Todos los males de la vida tienen su origen en el pecado, así llegan las enfermedades y la muerte, por esto es por lo que, hoy necesitamos solucionar el problema del pecado para que nuestra vida esté bien espiritualmente y eso nos ayude también en lo físico.

«Un corazón alegre es un corazón sanador. La alegría que trae bendición a la vida humana es la que resulta de sentirse perdonados y sin culpa, es la que brota de la certeza de la salvación y de la vida eterna, y esto sólo puede ser la obra de Dios a través de la gracia en Cristo. Un corazón se cultiva confiando y dependiendo de Dios, porque, aunque exista el pecado, en la gracia de Cristo también existe el perdón y la restauración. Y aunque tengamos muchas tribulaciones la esperanza en Dios nos da calma y no se disipa la alegría, ya que estamos seguros de que Dios no falla.»

La vida enferma espiritualmente es la que depende de las cosas materiales de este mundo, la que pone su confianza en ella misma y desprecia a Dios, además de que se opone a él con el estilo de vida rebelde que le ofende. Todo gozo mundano y por lo material se esfuma cuando llegan las tribulaciones. Sin embargo, cuando reconocemos a Dios como el origen de nuestra existencia y nos consagramos a él por medio de nuestra fe en Cristo, nuestro gozo va a crecer en medio de los tiempos difíciles y la vida será disfrutable.

Quebrantemos nuestro corazón delante de Dios, esperemos que Dios trate con él confiando que con su gracia su obra es perfecta para llenarlo de gozo hasta que la promesa del gozo glorioso sea cumplida. Confiemos que nuestra vida será activa y de frutos abundantes como resultado del trato de Dios, pues sólo el nos puede sanar, vivificar y nos alienta para vivir la vida con esmero y provecho. No permitamos que nuestra vida sea desbastada por la tristeza y los males, más bien, procuremos en Cristo el gozo sanador.

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