No tengamos miedo, en el mundo no estamos solos

Le pertenecemos a Dios porque hemos creído en Cristo quien ha vencido al maligno y nos ha liberado de su poder. Todos los días podemos ir teniendo victoria entre tanto estemos aferrado a Cristo y a todas sus promesas. El mal no nos puede volver a esclavizar ahora que le pertenecemos a Dios, y por ello nuestra vida debe vivirse para la gloria de Dios y disfrutando siempre a Cristo a pesar de vivir momentos difíciles a causa del mal.

«A través de la Palabra de Dios podemos concretamente estar viviendo el evangelio, si nos dejamos guiar por ella y si conocemos las promesas de Dios revelada y las aceptamos como verdad. Satanás opera en el mundo con la mentira y con falsas esperanzas, pero Dios se ha revelado a nosotros y nos a mostrado cuanto nos ama, y nos ha garantizado en Cristo con su obra en la cruz que en realidad es veraz y ha vencido a satanás, por lo que, jamás el mal podrá impedir el buen propósito de Dios.»

El espíritu del mal está obrando en el mundo para destrucción, porque desde el principio ha manifestado ser ladrón, destructor y asesino. Pero nosotros no debemos dejar de vivir como Dios manda y siempre debemos estar confiando en él, porque el Espíritu de Cristo que habita en nosotros es mayor y nos da vida, siempre nos hará perseverar y nos garantiza el triunfo, ya que con Cristo precisamente somos más que vencedores. No confiemos en nosotros mismos, ni vivamos para nuestra propia gloria, y así seguramente disfrutaremos nuestro peregrinaje en este mundo y seremos usados por Cristo en su reino.

No debemos tener miedo ni paralizarnos, por lo mismo tenemos que ser activos en el nombre de Cristo. A satanás y a sus demonios podemos vencerlos vivificados por Cristo, llenemos de él y teniendo el evangelio como nuestra identidad y como el estandarte en nuestras luchas diarias. Porque aun cuando ciertamente en este mundo podemos ser afligidos por el mal, nunca esto debe ser la razón de la apatía, de la pasividad o de la renuncia a vivir ejercitándonos en la fe; siempre hay que estar adorando, clamando y proclamando. No nos acobardemos si nos tocara enfrentar las densas tinieblas del mal en el mundo, porque mayor es la luz del evangelio para disipar la oscuridad del mal, solamente creamos en Cristo, confiemos, dependamos y obedezcamos.

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