Solo por Cristo podemos tener comunión con Dios y disfrutar de él para siempre

El pecado nos separa de Dios y como todos habíamos pecado en nuestros primeros padres y cargábamos con el pecado original, estábamos separados de Dios y viviendo como esclavos de satanás para oponernos siempre a Dios. La peor condición humana es la separación espiritual con Dios, porque así no se poseen las bendiciones eternas, aunque el sol salga todos los días sobre nosotros. No tiene ningún valor eterno cuantas cosas materiales el ser humano pueda poseer, pues si hay un distanciamiento con Dios se vive en condición de muerte espiritual esperando la condenación eterna.

«Cristo con su derramamiento de sangre y con su muerte resolvió nuestro problema de separación, porque murió en la cruz para recibir el castigo por nuestros pecados, así quitó la barrera que nos separaba con Dios y nos reconcilió con él trayendo como bendición para nuestras vidas la vida eterna y la paz con Dios. Cristo es el cumplimiento de la ley de Dios y cumplió con la ley, por eso con su muerte podemos ser perdonados, ya que esta misma ley exigía derramamiento de sangre para perdón de pecados.»

Dios nos recibe a través de Cristo, porque en su obediencia a la ley somos bendecidos, ya que su obediencia es nuestra al ser nuestro sustituto. Por lo tanto, podemos decir que, Cristo murió para pagar el castigo de nuestros pecados cometidos, y obedeció por nosotros lo que jamás podríamos obedecer en cuanto a las demandas o exigencias de Dios. Así que, sólo por medio de Cristo podemos acercarnos a Dios y ser recibidos, pero lo que es aún más; ser uno con Dios y tener comunión con él es sólo obra divina por medio de Jesús el Cristo, el Hijo del Dios viviente.

En la comunión con Dios podemos disfrutar todas sus promesas y bendiciones, así también, nuestra esperanza en él será permanente ya que todo está asegurado en Cristo. Que en nuestra vida diaria disfrutemos a Cristo a través de conocer más el evangelio, y que compartir a Cristo sea siempre nuestra tarea fundamental. Viviendo de esta manera esperemos la plenitud de nuestra comunión con Dios, pues cuando Cristo venga nos permitirá ver lo que hoy miramos como en un espejo, pero todo lo que tenemos en Cristo es suficiente para disfrutar nuestra comunión con Dios, después de haber vivido lejos por causa del pecado. Creamos en Cristo ahora mismo.

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