Tenemos una esperanza viva

Cuando tenemos seguridad de nuestra salvación es por el conocimiento de que la salvación es obra de Dios, por lo tanto, al no depender de nosotros no corremos el riesgo de perderla. Por esta razón también nos centramos en Cristo para adorar a Dios con motivo de gratitud y como parte de nuestro deber y privilegio para crecer más en la gracia. La vida de un creyente debe estar en constante actividad, porque la gracia motiva a una vida de servicio y de frutos.

“Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros,” 1 Pedro 1:3-4 RVR1960

Lo grande de nuestra salvación y lo grande de las obras de Dios para salvarnos mueven nuestros corazones para adorar a Dios, para hablar bien de él y para rendirnos en una genuina consagración. La esperanza que Dios nos da como resultado de su misericordia, nos mantiene con expectativas del porvenir, pero también es la razón para esperar en Dios en cada situación de esta vida, porque, si Dios nos ha salvado eternamente en Cristo, significa que por él vamos a perseverar a pesar de todo lo malo que se oponga.

Dios nos dio una nueva vida en Cristo, porque él nos quitó el pecado original que nos hacia pecar como esclavos de satanás. Dios nos dio una nueva naturaleza y una identidad especial por medio de Cristo. Por esto es por lo que, al creer en Cristo somos una nueva creación, nacemos de nuevo y así podemos disfrutar la esperanza eterna, la cual es para lo venidero en su plenitud, pero también podemos disfrutarla hoy. Esta esperanza es segura, porque Cristo hizo todo lo necesario en la cruz para garantizarla.

Que nada del mundo nos distraiga para no desenfocarnos de lo eterno, de lo que perdura para siempre, de lo que no se corrompe y es celestial. Pongamos nuestro corazón en Cristo, que él sea lo más importante en nuestras vidas, porque así seguramente también participaremos de toda herencia celestial. Si Dios nos ofrece una herencia en Cristo, es porque a través de él nos adopta como hijo, por lo tanto, hoy podemos disfrutar toda la provisión del Padre. Vivamos para la gloria de Dios mientras esperamos en él un mejor porvenir.

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