Que nuestra adoración y oraciones sean sólo para el Dios que nos creó y salvó en Cristo

Nuestra lealtad debe ser sólo para Dios, debemos confesar que fuera de él no hay otro quien merezca la alabanza y por ello debemos vivir para su gloria. Cuando reconocemos a Dios en nuestras vidas y dependemos de él podemos disfrutar vivir, y superaremos las aflicciones propias de este mundo en donde las tribulaciones están a la orden del día. Sólo se puede tener un buen propósito en la vida cuando nos dejamos llevar por la Palabra de quien nos creó, porque nos hizo para que vivamos bien en comunión con él.

“He dicho a Jehová: Dios mío eres tú; Escucha, oh Jehová, la voz de mis ruegos. Jehová Señor, potente salvador mío, Tú pusiste a cubierto mi cabeza en el día de batalla.” Salmos 140:6-7

Dios atenderá nuestras plegarias cuando confesamos a Cristo como el salvador que nos fue dado por amor y para buscar precisamente en Dios mediante él lo que nuestra vida necesita. Lo que le urge a nuestra vida es Cristo, en él están todas las respuestas que necesitamos y la solución para todos nuestros problemas. Si Dios nos creó y nos redimió no hay ningún otro bien verdadero para nuestra vida fuera de Dios, por eso debemos reconocerlo con la fe para adorarle, clamarle y confesarle.

Dios puede salvarnos del mal en todo lo cotidiano, pues Dios lo supera todo y Cristo ha vencido en la cruz a las huestes de maldades, por eso siempre debemos buscar el refugio en Dios y no debemos depender de nosotros, ni hay subestimar al mal que se nos opone siempre y que nos ataca con el propósito de destruir nuestra fe o para que nunca lleguemos a tener fe y para que por lo mismo no creamos aceptando a Cristo como nuestro Salvador perfecto. Con Dios estaremos siempre seguros, porque, aunque pasemos por muchas batallas no dejará que seamos acabados por el maligno. Así que confesemos que fuera de nuestro Dios nadie más recibirá nuestra adoración ni nuestras oraciones.

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