Dios es nuestro eterno y seguro refugio

Tener a Dios en nuestra vida, estar unidos a él por los méritos de Cristo es lo mejor y lo necesario. El refugio y el sustento es Dios mismo en nosotros, más allá de las cosas lo más importante es Dios, porque aún en la ausencia de cosas y en tiempos difíciles Dios sigue siendo Dios y podemos estar bien. Nuestra fe para ser bendecidos está en Cristo y no en las cosas, debemos anhelar más y amar más al Dios de las bendiciones y no las bendiciones propiamente.

“Señor, tú nos has sido refugio De generación en generación. Antes que naciesen los montes Y formases la tierra y el mundo, Desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios.” Salmo 90:1-2

En nuestro andar diario, en todos los tiempos de nuestra existencia, en quienes han vivido antes que nosotros y en los que vendrán, Dios ha estado y estará. Todas las cosas suceden porque él quiere o porque lo permite, pero siempre que confiemos en él y que nos sometamos a su palabra nos irá bien. El que nos vaya bien, es a la manera de Dios, porque él actuará más allá de nuestros gustos y deseos, pero nunca actuará en contra de nuestro bien, porque cuando amamos a Dios todas las cosas nos ayudan para bien.

Siempre necesitamos el refugio de Dios, en lo espiritual somos atacados y toda la vida está en constantes peligros. Algunas veces hemos sido testigos de cómo Dios nos ha protegido y seguiremos siendo testigos de ello, en muchas otras ocasiones no nos hemos dado cuenta de los cuidados de Dios, sin embargo, Dios siempre ha estado velando por nosotros. El refugio de Dios es algo que debemos estar pidiendo en clamor, y por el que debemos adorar como gratitud, pero también, debemos buscarlo por todos los medios que nos ha dado para que esto sea posible.  

Nada de lo que nos sucede puede poner en tela de juicio que Dios es refugio seguro. Lo que ocurra siempre estará dentro de la soberanía de Dios, porque él es Señor en todo y, sobre todo. Por lo tanto, por medio de Cristo hay que entrar en comunión con Dios y esto debemos comunicarlo con nuestras generaciones. Procuremos que Dios sea hoy nuestra morada y la morada de nuestra descendencia.

Reconozcamos a Dios como el autor de nuestra existencia, como el dueño de la vida y como el origen de la salvación en Cristo por causa de la desobediencia e incredulidad humana. Si no creemos en Cristo pasaremos por alto quién es Dios y no disfrutaremos como se debe su protección y tampoco tendremos nada bueno en lo venidero, sino sólo condenación eterna. Sometámonos humildemente a Dios por medio de Cristo y tendremos refugio eterno.

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