En todo hay que hacer la voluntad de Dios

Todo el tiempo estamos tomando decisiones y tal vez muchas de las consecuencias que hoy estamos sufriendo es por nuestras malas decisiones, pero en otros casos, los aciertos nos han hecho pasar por buenos momentos. Dios es el que nos ayuda a decidir bien, nos ha dado al Espíritu Santo quien nos ayuda a entender Su Palabra con la que podemos aprender sabiduría, ya que la Palabra nos muestra a Cristo por quien somos salvos.

«Las Palabras de Cristo y su persona nos muestran lo perfecto para aprender hacer las cosas, porque Cristo no buscó hacer otra cosa que no fuera la voluntad del Padre, siendo esta nuestra salvación. En el querer hacer lo que Dios quiere y manda está el bien de la vida, así llega el éxito y los buenos momentos. Todos queremos pasarla bien, pero no todos estamos dispuestos a honrar a Dios viviendo solo para su gloria. Esta manera de ser y hacer debe ocupar nuestros pensamientos, sentimientos, decisiones y acciones.»

Siempre debemos anhelar oír la voz de Dios, conocer más lo revelado, pero también vivir lo que Dios nos da a conocer, por eso lo más importante debe ser aceptar el evangelio, las palabras de Cristo que dicen de él y de su obra, y eso debe definir nuestra vida, porque precisamente, la vida la encontramos en Cristo. En este vivir está la voluntad de Dios, porque la voluntad de Dios es que creamos en Cristo y que perseveremos en él. De todo esto dependen nuestros planes, propósitos y metas, es decir, el evangelio define nuestra vida y el rumbo de esta.

Nada es mejor como la voluntad de Dios, en su voluntad se glorifica así mismo y nos edifica, ya que su voluntad es agradable y perfecta. En la dirección que Dios nos da para vivir están las bendiciones para hoy y para siempre, porque todo nos lleva a Cristo y Cristo a Dios. Cuando nuestras acciones agradan a Dios serán de bendición para todos y en todo Dios nos bendecirá.

Todo lo que Dios revela tiene el propósito de que conozcamos a Cristo para creer en él, porque solamente así podemos confiar, depender y obedecer, tomando en cuenta la obra de Cristo y su obediencia, así también todo lo que hacemos como respuesta a las demandas de Dios, será siempre en los méritos de Cristo. Que todo en nuestra vida esté definido al estar en Cristo; viviendo por Cristo y para Cristo agradando a Dios.

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