Grande gozo para el alma

El verdadero gozo no está en las cosas que recibimos de Dios, está en él, por eso nuestro mayor anhelo debe ser la presencia de Dios. Hay momentos en los que no hay nada o nadie, sólo Dios, aquí es donde aprendemos a valorar más a Dios, a confiar en él y a relacionarnos con él llenos de amor, porque por un lado nos muestra su amor y nos enseña a amarlo. Aprendamos a disfrutar de Dios en los tiempos difíciles y, a conocerlo más.

“En gran manera me gozaré en Jehová, mi alma se alegrará en mi Dios; porque me vistió con vestiduras de salvación, me rodeó de manto de justicia, como a novio me atavió, y como a novia adornada con sus joyas.” Isaías 61:10 RVR1960

Los que sólo buscan las bendiciones de Dios, pero no la comunión con Dios, sólo quieren cosas. Hay personas que piden oraciones para que les vaya bien en la vida, más no buscan rendirse a Dios para en verdad estén bien. El que sólo busca recibir de Dios, pero no se entrega a Dios de nada le sirven las cosas, no las disfruta y además eso es pasajero. Muchos quieren que Dios se mueva conforme a sus planes y propósitos, más no están dispuestos a vivir los propósitos y planes que Dios tiene para sus vidas.

Lo primero que Dios quiere para nuestras vidas es la salvación, el perdón de nuestros pecados y la liberación de toda culpa. De esto depende todo lo demás que necesitamos, esto es fundamental para que estemos bien, porque todo lo demás está asegurado y es secundario. Las cosas se desgastan, y hasta nuestro cuerpo se deteriora, por eso Dios nos ofrece lo eterno, nos bendice con lo que dura para siempre; nos da el gozo, la vida eterna y muchas otras bendiciones.

El bienestar para nuestra vida fluye de lo interno hacia lo externo, el gozo no emana de las cosas que nos rodean, sino de la presencia de Dios que se manifiesta en lo profundo de nuestro ser, por esto es por lo que, no importa adonde estamos y lo que tengamos, si Dios está con nosotros y es nuestro Dios, eso nos basta, porque Dios nos hace sentir lo mejor y nos da lo mejor; el cambia nuestras vidas y nuestras circunstancias; nos adorna de sus favores con su misericordia y fidelidad eterna. Así es como en Dios podemos gozarnos profundamente y en gran manera.

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