Pidamos a Dios sin dudar

Dios espera confianza y sinceridad de corazón cuando oramos para pedir lo que necesitamos, aunque sabe perfectamente lo que necesitamos. La fe para confiar y ser sinceros, es la misma fe con la que aceptamos a Cristo como nuestro Salvador al creer en él. Tener fe y procurar una fe sólida es ya una de las bendiciones grandes para vivir bien en esta vida. Si tomamos en cuenta todo esto, podemos decir que al vernos en circunstancias difíciles y al considerar la fe necesaria para pedir, somos bendecidos, porque de esta manera descansamos más en Cristo con total seguridad.

«Cada vez que clamamos a Dios estamos demostrando que nos hemos entregado a él sin reservas. El que es religioso, y que por lo mismo su fe no está puesta en Cristo, sólo pretende acercarse a Dios con intereses superficiales y para seguir viviendo mundanamente y en sus propios deleites, estos en verdad no reciben nada y lo que tienen no les acusa provecho. Los que realmente tenemos fe nos acercamos a Dios porque le pertenecemos y porque confiamos que todas las cosas que ha dispuesto nos pertenecen por gracia y nos da sólo lo que él quiere en su voluntad, pero todo es justamente lo que necesitamos.»

En la búsqueda del Dios de las bendiciones hay que ofrecerle siempre el corazón con sinceridad y fe, con el propósito que nos bendiga en lo que pedimos, pero también para que transforme nuestro corazón y nos ayude en nuestra incredulidad, ya que el corazón siempre estará necesitado de la obra de Dios y la fe siempre está en crecimiento y perfección. Si no confiamos en Dios como se debe seremos inestables en el vivir diario, en cuanto a la verdad y por lo mismo en lo que consideramos necesario en la vida para buscarlo en Dios, es decir, la inestabilidad nos impide pedir como conviene.

La fe y la duda no pueden convivir en la vida humana, las personas no pueden creer hoy, y mañana ya no, por eso es por lo que, se cree o en realidad no se cree. Esto se resuelve sólo confesando de todo corazón a Cristo y entregándose para su gloria en todo nuestro vivir, así tendremos la seguridad para pedir lo correcto de manera correcta al Dios verdadero, porque todo el que se acerca a Dios debe creer que él es real y que recompensa a los que lo buscan. El que se acerca a Dios con duda está manifestando que Dios no existe o que no es capaz de ayudarlo, y así no puede ser bendecido. Pidamos a Dios sin dudar.

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