Nuestra fe debe estar puesta solamente en Cristo

Los sacrificios del Antiguo Testamento anunciaron de manera anticipada el sacrificio perfecto de Cristo, sirvieron para representar el evangelio en la ley. Lo que se ordenó en la ley de Moisés como sacrificios para el derramamiento de la sangre, estaba figurando lo que sería el sufrimiento de Cristo en la cruz y su muerte para librarnos del pecado y de sus consecuencias espirituales.

 “Por tanto, nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o días de reposo,[a], todo lo cual es sombra de lo que ha de venir; pero el cuerpo es de Cristo. Nadie os prive de vuestro premio, afectando humildad y culto a los ángeles, entremetiéndose en lo que no ha visto, vanamente hinchado por su propia mente carnal, y no asiéndose de la Cabeza, en virtud de quien todo el cuerpo, nutriéndose y uniéndose por las coyunturas y ligamentos, crece con el crecimiento que da Dios.” Colosenses 2:16-19 RVR1960

Dios siempre estuvo esperando el momento para el sacrificio perfecto, porque ninguno de los ritos religiosos del pasado logró cambiar la naturaleza pecaminosa de los seres humanos. Todo lo que ley demandaba, servía para mostrar la condición espiritual de la humanidad y para señalar a Cristo como necesario salvador.

Es por esto por lo que, nuestra esperanza no está en las ceremonias pasadas, ni el ejercicio de nuestra fe es conforme a ello. Nuestra fe está puesta en Cristo y somos dirigidos por la palabra para disfrutar a Cristo y para recibir las bendiciones eternas de su cruz. Dios quedó agradado no por los ritos de la ley, sino por Cristo mismo, y es así como somos aceptados por Dios.

Por todo esto, llegado el tiempo del cumplimiento de la promesa del Salvador del mundo, las sombras y figura de lo que habría de venir, se desvanecieron y tiene que desaparecer de la práctica de fe, porque nada debe estorbar la aplicación espiritual de los resultados del excelente sacrificio de Cristo. El Salvador cumplió por nosotros ante Dios lo que los sacrificios no lograron, aseguró mejores promesas y podemos verdaderamente ser unidos con Dios eternamente, porque Cristo nos une con él.

Nada podía quitar el pecado del ser humano, sólo se podía lograr que la misericordia de Dios fuera prolongada un poco más, porque el hombre continuaba en su misma condición espiritual y bajo el mismo problema. Con el sacrificio de Cristo fue apaciguada la ira de Dios sobre el hombre, porque sobre Cristo Dios derramó su ira.

De la misma manera, por medio de Cristo se puede obtener el perdón eterno de todo pecado, y somos capacitados por el Espíritu Santo ante el pecado, porque nos santifica, así con Cristo y en Cristo podemos ser fortalecidos y crecemos en él para estar en victoria sobre el mal. Por lo tanto, pongamos nuestra fe en Cristo.

Compartir