Participemos de Cristo para vida eterna

Nuestra sed más profunda es espiritual, es la sed del alma que solamente Jesucristo puede saciar. Esta sed espiritual es la ausencia de Dios, y por la presencia del pecado. Lo que fatiga en gran manera al ser humano, es su vida como siervo del mal, por eso necesita a Cristo para que tenga una solución espiritual en la vida. Cuando creemos en Cristo y lo recibimos en la vida podemos experimentar la verdadera satisfacción eterna.

«La invitación para llenar el vacío que hay en la vida humana es para todos, esto quiere decir que todos tenemos esta necesidad y que la gracia de Dios en Cristo para salvación no se limita a una persona, familia o una nacionalidad. Así que, por siempre hay que aferrarnos a Cristo, hay que confiar en él y depender, seguros que su obra como el Cristo logró todo para que Dios nos dé su gracia en abundancia y así corra como agua viva en nuestra vida.»

Cuando participamos de Cristo, toda nuestra vida es impactada y en todos los aspectos de nuestro ser y hacer somos bendecidos. El resultado de la gracia de Cristo en nuestras vidas es que también somos usados en el movimiento de vida, pues Cristo quiere que nos convirtamos en sus testigos, por eso nos dio la promesa del Espíritu Santo para que esto sea posible en nosotros.

Cualquier otra cosa que probemos o que poseamos en esta vida, sea físico y espiritual, si no es la experiencia de fe en Cristo, nuestra vida seguirá igual de vacía, insatisfecha y en la miseria espiritual y por lo mismo en la condición de maldición eterna. La vida solamente llega por la muerte de Cristo, porque su muerte fue la consecuencia de cargar con nuestra maldición por causa de nuestros pecados.  Participemos hoy de Cristo y que fluya la vida y la felicidad en nosotros.

Compartir