El sacrificio de Cristo cubre nuestro pecado

Dios vistió a nuestros primeros padres porque ellos se sentían avergonzados y con miedo, lo cual representa una situación espiritual y fundamental sobre la situación humana. La vergüenza y el miedo muestra que no puede haber comunión con Dios por causa del pecado, que el ser humano es infeliz y que de esa situación no se puede salir con el esfuerzo humano, sino con la gracia divina, porque además nada bueno se merece el ser humano después de faltarle a Dios al actuar en contra de su voluntad.

«El ser humano en su pecado no puede relacionarse con el Dios creador que es santo, pero también se sentirá siempre perseguido por la justicia divina, ya que Dios en su perfección no puede dar por inocente al culpable. Ante la imposibilidad de que el hombre resuelva su problema espiritual, Dios actuó con misericordia, pues Dios los vistió con túnicas de pieles, lo cual representa la obra de Dios en Cristo, porque para poder Dios obtener las pieles algún animal inocente tuvo que ser sacrificado.»

El mensaje de Dios es claro, el único que puede cubrir el pecado del hombre con su sangre es Cristo, el único que puede liberar de la culpa al ser humano es Cristo, y tiene que hacerlo cargando con la culpa para recibir el castigo de Dios. Esta es la razón por la que Dios se encarna, para poder tomar el lugar del ser humano ante las exigencias de la justicia divina. La ley de Dios demanda muerte para el pecador, pero al tomar Cristo el lugar del ser humano, aunque él es santo sufrió la muerte como consecuencia por el pecado del hombre.

Para los que creemos en Cristo nada puede impedir que estemos ante Dios, que tengamos comunión con él y que reciba nuestras oraciones y alabanzas. El pecado ya no es un problema que nos separe de Dios si siempre estamos confesando a Cristo y aferrados a él. No importa lo que el ser humano intente hacer para buscar el agrado de Dios y las bendiciones, si no es por la vía de Cristo su esfuerzo será inútil.

No importa lo que una persona haga para tratar de sentirse bien ante Dios, aunque esto sea el esfuerzo para portarse bien, tampoco esto funciona, porque nadie puede quitarse el pecado del alma, y porque solamente llega la transformación por medio del poderoso evangelio.  Así que lo que debemos hacer, es aceptar con fe y gratitud el sacrificio de Cristo para que tengamos libertad del pecado y tengamos la vida eterna y todas las bendiciones en la comunión con Dios.

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