Tomemos la cruz para glorificar a Cristo y participar de su gloria celestial

Nuestra entrega a Cristo debe ser completa y de corazón, nada debe ser más importante que él y en la fidelidad que manifestemos habrá bendiciones para nuestras vidas y también las demás cosas seremos prosperados. Jesús espera que nada se capaz de obstruir nuestro seguimiento porque lo consideremos lo más importante. La invitación para ser un seguidor de Cristo es la negación de uno mismo para ocuparnos de su causa tomando la cruz.

«Nuestra pasión por la cruz debe mantenernos centrados en Cristo, perseverando y sirviendo al grado de sufrir el desprecio del mundo, los ataques de satanás y el sacrificio de nuestra propia carne. La cruz de Cristo significa renunciar a la gloria y padecer por su casa, aunque nuestros sufrimientos sean ocasionados injustamente por quienes se oponen al evangelio.»

Si ya hemos tenido un encuentro con Cristo significa que le pertenecemos y que vivimos para él, por eso a partir de ese momento nuestra causa en la vida debe ser la del que estuvo dispuesto a tomar la cruz por nosotros, para salvarnos venciendo al mal con su muerte y resurrección. La cruz representa nuestra salvación y gloria, pues en ella murió el salvador, pero también por su fidelidad a Dios tomando la cruz fue exaltado hasta lo sumo.

Nuestra lealtad a Cristo significa la renuncia a todas nuestras lealtades, para obedecer hasta la muerte como siervos fieles del que nos liberó con su cruz de la maldición de pecado, del poder de satanás y de la muerte. Ser leales a Cristo no es una carga frustrante y que nos cause mal, es todo lo contrario, como ya lo hemos mencionado, se trata de ser libres y podemos disfrutar el gozo de la salvación, de la presencia de Cristo y la esperanza de la gloria futura, la cual fue asegurada por la exaltación gloriosa de Cristo después de haber tomado la cruz para salvarnos.

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