La misericordia y fidelidad de Dios son también para nuestros descendientes

Dios es bueno con nosotros, porque, aunque hay momentos muy difíciles en la vida, los que tenemos la seguridad de la salvación, creemos que sin que lo mereciéramos Dios nos ha dado lo mejor, pero, además, todas las cosas que aquí se pierden serán recuperables, y tendremos un gozo indescriptible en la presencia de Dios.

«Lo más difícil que nos puede suceder en esta vida a los hijos Dios es la muerte, pero volveremos a vivir, el cuerpo será recuperable y glorioso. Por lo tanto, adoremos a Dios para que nuestra descendencia lo conozca y disfrute de su misericordia y fidelidad.»

Las misericordias de Dios hacen la diferencia entre la vida eterna y la condenación, entre disfrutar las bendiciones de Dios o permanecer bajo la maldición por causa del pecado. Por esto es por lo que la alabanza que sale de nuestra boca fluye de un corazón que no sólo tiene información de quién Dios es y de lo que hace, sino porque ha experimentado la misericordia de Dios, siente la presencia de Dios en su vida y disfruta el haber sido recibido como hijo únicamente por los méritos de Cristo.

Las promesas de Dios son para este mismo momento, para nosotros y para nuestras generaciones, lo cual implica que toda nuestra vida permanentemente debe buscar corresponder a Dios con una vida que le honra, con acciones que den testimonio y que anuncien quién es Dios y lo que hace, así también nuestros hijos aprenderán a conocer a Dios y a confiar en él para siempre.

La fe no se hereda, pero la enseñanza de la Biblia y el testimonio de la presencia de Dios en nuestras vidas será una guía para que nuestros hijos encuentren a Dios, quien ha prometido revelarse en nuestros corazones a través de la presencia del evangelio. La gratitud a Dios es un mensaje que queda grabado en la mente y en el corazón de nuestras generaciones, cuando respondemos a todas las cosas que Dios hace para nuestro bien aun cuando no lo merecemos.

El pacto de salvación que Dios ha hacho con nosotros siempre estará presente y Dios también esperará que nosotros creamos en Cristo y agradezcamos, porque todas las condiciones del pacto fueron cumplidas, Cristo ya murió por nuestros pecados, así que las promesas de Dios siempre se cumplirán y su fidelidad será para siempre en nuestras vidas, con la esperanza que también la misericordia de Dios y su fidelidad sea en la vida de toda nuestra descendencia.

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