Dios te bendiga

“Jehová te bendiga, y te guarde; Jehová haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia; Jehová alce sobre ti su rostro, y ponga en ti paz. Y pondrán mi nombre sobre los hijos de Israel, y yo los bendeciré.” Números 6:24-27 RVR 1960

Llegó muy temprano un domingo, con una flamante Biblia bajo el brazo. Se colocó en la puerta del templo y comenzó a saludar muy efusivamente a los que iban llegando, con un apretón de mano y diciéndoles “Dios le bendiga, hermano”. Nadie le conocía; pero como no teníamos Pastor, se pensó que se trataba de un predicador invitado. Resultó que era un visitante. No era de la ciudad -dijo- y había venido por negocios para permanecer por algunos meses. Pasaron varias semanas y sus salutaciones seguían siendo las mismas, tan insistentes, que los jóvenes comenzaron a llamarle el “Dios te bendiga”.

Después de algunos meses de asidua asistencia, dejó de llegar. Se le extrañaba. Luego, un día apareció en el periódico un encabezado: “VUELVE A BURLAR LA LEY”. El conocido ladrón de coches conocido como el fantasma por su gran habilidad para escapar, volvió a eludir a los custodios que le conducían a una diligencia después de que lo habían encarcelado por sus hurtos. Por fortuna, días después se dio con el sitio en donde tenia casi una docena de costosos vehículos. Aparecía su fotografía. ¡Se trataba del “Dios te bendiga”!

Se ha vuelto costumbre saludar o despedirse con la frase “Dios te bendiga”. Cuando la escucho no puedo menos que recordar el triste suceso. Pienso en el contenido de esa palabra, y si en verdad estamos conscientes de su contenido y alcance. Cuando Dios nos bendice, conoce lo que esto implica en nuestras vidas, él hace que sus bendiciones nos alcancen las cuales consisten en que seamos protegidos del mal, que disfrutemos del perdón, que seamos llenos de paz, lo cual, por su puesto, es parte de lo más importante que recibimos a través de Cristo, esto es la salvación.

Cuando el sacerdote daba la bendición al pueblo debí hacerlo con la confianza y la esperanza de que Dios hiciera que esas palabras se cumplieran en el pueblo y que fueran eficaz en la vida diaria. Estemos seguros de que Dios nos bendice todo el tiempo, que nunca renunciará a su mayor propósito en la vida, el cual consiste en que estemos bien, que seamos salvos y siempre disfrutemos de todas sus bendiciones. Por esto es por lo que, aun cuando los tiempos son difíciles, nosotros debemos creer que la bendición de Dios para nuestras vidas prevalece, porque el puede y quiere siempre bendecirnos.

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