Por medio de Cristo se cumplen las promesas de Dios

Alcanzamos las promesas de Dios porque con mucho amor nos las ha revelado, pero también las ha garantizado por medio de Cristo cuando confiamos en su obra como Salvador. Dios promete y condiciona obediencia para recibir las bendiciones de sus promesas, con esto nos hace ver la necesidad de la ayuda divina, pues por nuestra sola obediencia no somos capaces de lograr ni de merecer el cumplimiento de las promesas.

Legalmente solo deben ser cumplidas las promesas de Dios en quienes guardan su ley, y en los que no obedecen se debe mostrar la maldición de la ley. “He aquí yo pongo hoy delante de vosotros la bendición y la maldición: la bendición, si oyereis los mandamientos de Jehová vuestro Dios, que yo os prescribo hoy, y la maldición, si no oyereis los mandamientos de Jehová vuestro Dios, y os apartareis del camino que yo os ordeno hoy, para ir en pos de dioses ajenos que no habéis conocido. Deuteronomio 11:26-28

Esto significa, que para no sufrir las consecuencias por nuestros actos rebeldes delante de Dios alguien debe cargar con nuestra muerte como castigo, debe responder ante las consecuencias por el pecado y/o debe obedecer por nosotros, pues somos incapaces de actuar perfectamente como la justicia de Dios lo demanda. Cristo fue el que nos liberó de la maldición de la ley, pues el murió en la cruz como castigo por nuestros pecados, y al creer en él también nos libera de las obras necesarias ante la ley, porque también obedeció para que seamos bendecidos por su obediencia.

“Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas. Y que por la ley ninguno se justifica para con Dios, es evidente, porque: El justo por la fe vivirá; y la ley no es de fe, sino que dice: El que hiciere estas cosas vivirá por ellas. Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero),” Gálatas 3:10-13

La ley no exige fe, sino obediencia, más la gracia de Dios por medio de Cristo se recibe por fe, por eso es por lo que, si creemos en Cristo somos perdonados, Dios nos declara libres de toda culpa y nos da la vida eterna. Todos aquellos que quiere ser bendecidos como frutos de su obediencia jamás podrán recibir las bendiciones eternas, ya que para esto hay que permanecer haciendo lo correcto perfectamente como está escrito en la ley de Dios. En este caso, la ley sólo nos hacer ver nuestra condición espiritual, las exigencias de Dios y la necesidad de ser liberados de la ley y de la maldición.

El que se aferra a la ley no recibirá las bendiciones ofrecidas por Dios, porque, aunque Dios por medio de la ley revela promesas, el fin de la ley es Cristo, ya que precisamente, Cristo es la promesa de Dios revelada a través en la ley. El que se aferra a la ley quedará siempre bajo la maldición y esperando la condenación eterna, más todo aquel que se aferra a Cristo recibe la vida eterna y recibirá la gloria eterna. Porque Dios no promete nada sino solo a los que completamente y sin error alguno cumplen sus mandamientos, lo cual ninguna persona puede lograr. “Maldito el que no confirmare las palabras de esta ley para hacerlas. Y dirá todo el pueblo: Amén.” Deuteronomio 27:26

Todos somos enseñados por la ley, que sin Cristo estaríamos bajo maldición y sujetos al fuego de la ira de Dios. Pero el que Cristo nos libere del yugo de la ley y de las consecuencias de la desobediencia, no quiere decir, que se nos invita a hacer lo que queramos en el mundo y en la carne, sino que, esto es una libertad espiritual que nos da consuelo y seguridad de que somos perdonados y nos consagramos para la gloria de Dios. “Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud.” Gálatas 5:1. “Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros.” Gálatas 5:13. “como libres, pero no como los que tienen la libertad como pretexto para hacer lo malo, sino como siervos de Dios.” 1 Pedro 2:16

La libertad es el resultado de la misericordia de Dios, porque la fe con la que confiamos en Cristo nos es dada desde el cielo, Cristo nos fue enviado por Dios y cada día estamos siendo convencidos por el evangelio para permanecer en Cristo, así no solamente disfrutamos a Cristo y la salvación, sino que esperamos la glorificación, cuando en realidad por nuestra desobediencia merecíamos la condenación.

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