Dios quiere que amemos a todos

Nosotros fuimos amados por Dios sin requisitos, no merecíamos ni el mínimo acto de amor de Dios, sin embargo, Dios dio todo por amor, nos dio a su único Hijo para que por medio de él seamos salvos. Dios nos amó cuando aún vivíamos opuestos a él, alejados por el pecado y sirviendo a satanás. Sobre esto, así enseña la Biblia: “Pero Dios nos demostró su gran amor al enviar a Jesucristo a morir por nosotros, a pesar de que nosotros todavía éramos pecadores”. Romanos 5:8 TLA

La manera de aceptar este amor es por medio de la fe, es decir, hay que creer en Cristo. Al recibir a Cristo en nuestras vidas, sin merecerlo pasamos a ser hijos de Dios y así se nos otorgan todos los derechos espirituales. Pero también, nuestra vida debe ir siendo transformada conforme a la imagen de nuestro Padre celestial, para que seamos amorosos con todos, así como él lo es.

La Palabra de Dios nos dice: “Pero ahora yo les digo: Amen a sus enemigos y oren por quienes los maltratan. Así demostrarán que actúan como su Padre Dios, que está en el cielo. Él es quien hace que salga el sol sobre los buenos y sobre los malos. Él es quien manda la lluvia para el bien de los que lo obedecen y de los que no lo obedecen.” Mateo 5:44-45 TLA

El amor de Dios por medio de Cristo significa que, solamente estando en Cristo es que podemos gozar de todas sus bondades eternas, y por lo mismo, con este amor tenemos aseguradas todas las cosas buenas que necesitamos, porque si Dios ya nos dio a su Hijo, seguramente por medio de él nos hará llegar lo que él sabe que nos hará bien. Cuando disfrutamos del favor inmerecido de Dios y vamos creciendo y profundizando en ello, es cuando aprendemos a mostrar gracia y misericordia a todos sin excepción de personas.

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