El amor de Dios es suficiente

Donde está Dios está su amor y donde está su amor no falta nada

¿Qué diremos frente a esto? Si Dios está de nuestra parte, ¿quién puede estar en contra nuestra? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no habrá de darnos generosamente, junto con él, todas las cosas? ¿Quién acusará a los que Dios ha escogido? Dios es el que justifica. ¿Quién condenará? Cristo Jesús es el que murió, e incluso resucitó, y está a la derecha de Dios e intercede por nosotros. ¿Quién nos apartará del amor de Cristo? ¿La tribulación, o la angustia, la persecución, el hambre, la indigencia, el peligro, o la violencia? Romanos 8:31-36 (NVI)

No murmuremos contra Dios cuando pasamos por dificultades porque estas son propias de la vida que vivimos y del mundo que nos rodea. No es Dios, sino la maldad humana la responsable de todos los dolores terrenales.

Por el contrario, es en Cristo que existe la única esperanza de salvación, es solo su amor el que nos puede sostener en medio de las dificultades, porque por amor a nosotros Él se mantuvo en la cruz a pesar del dolor. Lejos de murmurar, busquemos en Dios superar toda dificultad. No hay mejor consuelo que ser salvos, porque en Cristo tenemos vida aún más allá de este mundo.

Debemos consagrar nuestra vida a Dios, porque Él es que el que nos hace toda clase de bien, su propósito es bueno en todas sus formas, si alguna veces pasamos por pruebas como parte de su propósito, de ellas saldremos mejor, porque todo lo va a encaminar para nuestro bien.

Es por esto que debemos reconocer la necesidad y el deber de dedicar nuestra vida a Dios, de esa manara podemos ir dominando el pecado; nuestros malos deseos y acciones que se contraponen a la voluntad de Dios y que producen la maldad de este mundo, cosa que por lo tanto es responsabilidad nuestra y no de Dios. Pues incluso, es Dios el que ha provisto a Cristo para vencer el mal de este mundo, así que en Cristo podemos seguir el propósito de Dios, para que de esa manera cambien nuestra condición de vida y también la maldad de este mundo, ya que precisamente, la Biblia dice que la mandad que hay brota de notros y no de Dios:

¿De dónde surgen las guerras y los conflictos entre ustedes? ¿No es precisamente de las pasiones que luchan dentro de ustedes mismos? Desean algo y no lo consiguen. Matan y sienten envidia, y no pueden obtener lo que quieren. Riñen y se hacen la guerra. No tienen, porque no piden. Y, cuando piden, no reciben porque piden con malas intenciones, para satisfacer sus propias pasiones. Santiago 4:1-3 (NVI)

Así que no murmuremos más contra Dios por los males de la tierra, mejor seamos agradecidos con Él porque ha provisto la solución para que nuestro corazón ya no produzca maldad y para que de este modo mejore nuestra calidad de vida entre tanto el viene para llevarnos con él a donde no mora la maldad sino la justicia y el bien.

 

Ver esta publicación en Instagram

 

Una publicación compartida por Israel Campos (@israelkampos) el

Compartir

Sé el primero en comentar

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.