Ser hijos de Dios es la bondad más grande que recibimos de Él

Al creer en Cristo somos adoptados como hijos de Dios, pero también regenerados y transformados a su imagen, y nos es comunicada la salvación a través de la implantación de la vida nueva y eterna.

“Recibir los derechos como hijos de Dios, es instantáneo por la fe en Cristo, pero a la vez la regeneración como hijos de Dios,  es un proceso gradual que dura toda la vida.”

Llegar a ser hijos de Dios y ser tratados de esta manera es el favor  espiritual de Dios más grande que el ser humano puede recibir. Esto sólo es posible por la fe en Cristo, sin importar quienes seamos y en la condición en la que nos encontremos, porque finalmente, cuando se vive sin fe en la esclavitud del pecado, se está separado de Dios y a la misma distancia que cualquiera en esta misma condición miserable.

Cristo vino y murió para resolver el problema de separación entre Dios y el ser humano, vino a terminar el conflicto y el rechazo de ambas partes, porque por un lado, Dios rechazaba al ser humano por la presencia del pecado, y por otro lado, el ser humano rechazaba a Dios por la falta de fe.  Más ahora, por los méritos de Cristo, no solamente es posible un acercamiento y una aceptación como tal, sino que se establece un vínculo y una relación tan estrecha al recibir los derechos como hijo de Dios.

Por las bondades de Dios en Cristo al llegamos a ser hijos de Dios, no es solo por una declaración y aceptación por parte de Dios, sino que es también por regeneración. Es decir, Dios nos va transformando cada día a través de Espíritu Santo, para que vayamos siendo conforme a su imagen. Esto también significa, que no solo somos hijos de Dios, sino que nos vamos pareciendo cada día  a nuestro Padre celestial. No solo nacemos de nuevo como hijo de Dios, sino que también crecemos y nos desarrollamos como tales.

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