Estamos en este mundo pero nuestra patria está con Cristo

Nuestra patria es celestial, es eterna, pero por la voluntad de Dios estamos aquí, para vivir con fidelidad el evangelio, y para darlo a conocer en este mundo a toda la humanidad, para que los que reciban el evangelio también tenga un lugar con Cristo en la gloria.

En este mundo somos extranjeros y nuestro peregrinaje aquí es momentáneo; como somos extranjeros el mundo nos aborrece, y como estamos de paso, no debemos fijarnos en los deleites de este mundo, porque el gozo en nuestra ciudad eterna es incomparable, por lo tanto, permanezcamos con nuestro ojos puestos en Jesús. Con su muerte Cristo logró para nosotros la gloria que fue a preparar, la cual nos entregará cuando venga a este mundo por sus fieles.

Nuestra atención debe estar puesta en Jesús, y debemos seguirlo con fidelidad a costa de lo que sea, ya que nuestras pérdidas aquí por causa del evangelio, son ganancias en la gloria de Dios, y además, porque todo lo que aquí tenemos es pasajero, como nuestra vida aquí es momentánea. Debemos servir en este mundo como embajadores de Cristo, porque con ese propósito vivimos inmersos en tribulaciones, al mismo tiempo esperanzados que todo pasará y que seremos reunidos con nuestro Señor y Salvador Jesús.

Debemos ser siervos verdaderos que demos testimonio aquí, de que un día reinaremos con Cristo. Tengamos en cuenta que el desprecio que sufrió Jesús al salvarnos vino de satanás, quien también es nuestro enemigo, al ser el principal enemigo de Dios. Cuidemos que nada de lo que satanás haga en contra de nosotros nos desanime para retroceder de neutra senda en la que caminamos a lo provenir.

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