No menospreciemos al Espíritu Santo por falsos profetas

La auténtica palabra de Dios es la inspirada por el Espíritu Santo, la cual ya fue revelada completamente, y que bajo la iluminación del Espíritu Santo debe ser enseñada y recibida, la cual debe estar acorde con lo que Dios ya habló, y su autoridad depende de Dios, no de ninguna persona o institución humana.

«El Espíritu Santo es el que nos abre el entendimiento ante la palabra oída o escudriñada, al creyente para su edificación y para seguir la voluntad de Dios, y a los incrédulos para poner su fe en Jesús y ser salvos, al quedar su mente cautiva a la mente de Cristo por la palabra y el Espíritu Santo.»

No podemos menospreciar la Palabra de Dios haciéndonos sabios bajo nuestro propio entendimiento, tenemos la necesidad de oír la voz de Dios a través de la palabra revelada y este es el papel del Espíritu Santo, quien hará audible y entendible lo revelado a través de los mensajeros de Dios. Así como no podemos menospreciar la voz del Espíritu Santo, tampoco debemos atribuirle a Él lo que alguien diga y que no está conforme a la palabra de Dios.

Si queremos oír la voz del Espíritu Santo no debemos cerrar los ojos y dormir para que nos hable extraordinariamente a través de un sueño, más bien, debemos abrir los ojos para estudiar Las Escrituras, y los oído para oírla. No debemos relacionar la voz del Espíritu Santo con nuestros sueños, razonamientos, invenciones o especulaciones como si fuera autentica palabra o revelación del Espíritu Santo.

Dios nos ilumina con su Espíritu Santo para conocer su voluntad y propósitos, pero lo hace a través de la palabra que ya fue revelada completamente por la inspiración del Espíritu Santo, la cual es capaz y suficiente para nuestra salvación. Así que no debemos fantasear o escuchar fantasías de personas que quieren impresionar con sueños atribuidos al poder del Espíritu Santo y que en nada se parece a la verdad de Dios puesta ya a nuestro alcance.

Hoy ya no hay profetas como los del Antiguo Testamento, porque los profetas fueron necesarios cuando la palabra de Dios no había sido revelada, ni oída, y que por lo mismo era desconocida, más hoy la palabra de Dios ya ha sido revelada por la inspiración del Espíritu Santo, y por él puede ser entendida, y además ya está completa, porque lo que tenemos es suficiente para nuestra salvación. Cuando en el Nuevo Testamento se habla de la profecía o de profetizar, se refiere a enseñar lo que ya ha sido revelado.

Si lo que tenemos es suficiente para nuestra salvación, y si el propósito de Dios al revelar su palabra es nuestra salvación, entonces, ya no puede haber más revelación, ni más profetas, pero sí iluminación para entender y ser convencidos por la palabra y así poner nuestra fe en Jesús para salvación.

2 de Timoteo 3:14-17 dice: “Tú, sigue firme en todo aquello que aprendiste, de lo cual estás convencido. Ya sabes quiénes te lo enseñaron. Recuerda que desde niño conoces las sagradas Escrituras, que pueden instruirte y llevarte a la salvación por medio de la fe en Cristo Jesús. Toda Escritura está inspirada por Dios y es útil para enseñar y reprender, para corregir y educar en una vida de rectitud, para que el hombre de Dios esté capacitado y completamente preparado para hacer toda clase de bien.”

Esto significa perseverancia en la verdad que ya se ha hecho conocible y que es suficiente para alcanzar la salvación y la madures cristiana. Entonces, ¿para qué necesitamos más profetas y profecías?

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