Debemos orar en todo tiempo

Debemos orara en todo tiempo, porque siempre existen motivos y necesidades personales por las que no debemos dejar la oración para otro día. La oración es ahora, constantemente y por todos los hijos de Dios.

“Orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos; y por mí, a fin de que al abrir mi boca me sea dada palabra para dar a conocer con denuedo el misterio del evangelio, por el cual soy embajador en cadenas; que con denuedo hable de él, como debo hablar.” Efesios 6:18-20 RVR1960

Siempre que nos encontremos atribulados y oprimidos por la fuerza del mal debemos orar a Dios, no podemos descuidar este medio eficaz para clamar por el favor divino, y así poder superar lo que es insuperable con nuestra propia fuerza y con nuestra propia astucia. Siempre será necesaria la sabiduría de Dios y el poder celestial para zafarnos de las artimañas del maligno.

La oración fue establecida por Dios para que en nuestro peregrinaje en esta tierra sea el único modo en el nombre de Cristo, con el que podamos solicitar su intervención en nuestro favor en determinada situación. Dios es libre para actuar cuando quiera, no está sujeto a nuestro llamado, pero si ha determinado que tenemos que clamar a él en ruegos y en suplicas, resulta necesario e indispensable hacerlo.

También debemos orar por todo el pueblo de Dios que sufre en el mundo nuestros mismos padecimientos, acordarnos de ellos como Dios se acuerda de nosotros habla bien de quienes se acercan a Dios en búsqueda de su gracia. Orara por lo que predican el evangelio de Jesucristo es una noble causa de nuestra parte, porque cuando el evangelio se hace presente el poder de Dios se manifiesta, y así las obras del maligno son derivadas, además, porque los que predican a Cristo padecen muchas adversidades y debemos pedirle a Dios que los ayude en todo. Hoy es un buen tiempo, para que como personas, familias e iglesia vivamos la manifestación de Dios en nuestras luchas y tribulaciones, como respuesta de nuestra constante oración.

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