Donde se predica y se vive el evangelio puro ahí hay una iglesia

Para ser salvos por el evangelio debemos recibirlo, creerlo, practicarlo y conservarlo en nuestras vidas, este es el proceso que sigue el creyente en Cristo, el que tiene el Espíritu Santo, y el que persevera hasta el final para salvación.

«Ahora, hermanos, quiero recordarles el evangelio que les prediqué, el mismo que recibieron y en el cual se mantienen firmes. Mediante este evangelio son salvos, si se aferran a la palabra que les prediqué. De otro modo, habrán creído en vano.» 1 Corintios 15:1-2 NVI

La iglesia tiene su origen en el evangelio, vive por el evangelio y permanece por él. Cuán importante es para la iglesia escuchar la predicación de la palabra de Dios, pero también, cuan peligroso son estos tiempos para la iglesia por la existencia de tantos falsos predicadores, que con toda determinación se han propuesto engañar, pero también el peligro, es por quienes no teniendo malas intenciones al predicar, pero de igual manera dañan a la iglesia por la ignorancia con la que predican el santo evangelio de Jesucristo.

La iglesia debe reunirse para escuchar públicamente la lectura de la Biblia, y para escuchar la explicación de la misma. Esta es una de las prácticas fundamentales de la iglesia, y que por ninguna razón debe dejar de hacerlas. Por esto mismo, donde no se tiene cuidado y responsabilidad respecto a la pureza de la predicación, ahí realmente no existe una iglesia, aunque en apariencia lo sea por sus manifestaciones religiosas.

Si la iglesia tiene su origen en el evangelio y se mantiene por el evangelio, la señal externa de una iglesia es la correcta predicación del evangelio. Este asunto es muy delicado, porque todas las agrupaciones religiosas defienden ser la iglesia verdadera, y todos creen tener la predicación correcta de la verdad de Dios. Por lo tanto, la conclusión de todo es, que sólo los que tengan el Espíritu Santo no podrán ser engañados, y dirigidos por él estarán en el lugar correcto, y al final, cada obra será probada; lo que es hojarasca arderá y lo que es puro permanecerá.

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