Nuestra victoria sobre la muerte

La muerte ya ha sido derrotada por Cristo, y en nuestra resurrección se manifestará nuestra victoria por el poder con el que Cristo resucitó. Aunque también desde ahora ya gozamos la bendición de la victoria de Cristo sobre la muerte, pues al creer en él ya no estamos más bajo la maldición del pecado, lo cual es la muerte como castigo, en lugar de muerte tenemos vida eterna, y este gozo se vive en lo cotidiano.

«Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria.» 1 Corintios 15:54

Ahora la muerte aun nos causa espanto, dolor y tristeza, porque no es fácil la experiencia terrible de la separación que provoca, sin embargo, Dios con su Espíritu Santo nos ayuda a hacerle frente con su consuelo divino, pero también con la segura esperanza de la resurrección y la vida eterna. Esperar con alegría la vida gloriosa con Dios por siempre nos aligera la carga que la muerte pone sobre nosotros cuando nos visita de cerca.

La única manera de enfrentar la tristeza que la muerte deja tras su paso es con el gozo de Dios, tal gozo se nos muestra en nuestro interior de muchas maneras, y en este caso, es por la convicción interna, de que en la eternidad con Dios ya no volverá a causar separación ni dolor. Ahora la muerte está vencida por Cristo y nosotros también la venceremos por la misma victoria de Cristo, porque aunque ahora tenga la posibilidad de darnos la última estocada, después de en nuestra resurrección la habremos vencido para siempre.

Cristo es la primicia de los que resucitaremos para gozo eterno, así como el resucitó también nosotros resucitaremos por él. Pero además, también participaremos de su gloria al resucitar libres de toda corrupción pecaminosa,  e inmortales plenamente.

Debemos tener muy en cuenta que, resucitar en Cristo con una nueva vida es lo que antecede nuestra resurrección para gloria y gozo eterno. Es decir, el ser humano con la naturaleza de Adán está muerto espiritualmente (separado de Dios) y sólo participando de la naturaleza de Cristo puede recibir la vida espiritual lo cual nos garantiza la resurrección física en el día glorioso en el que Cristo venga por nosotros para llevarnos a su gloria en donde viviremos con él por toda la eternidad.

No debemos tenerle miedo a la muerte, aunque nos haga ver su poder, porque nuestra muerte física no es una perdida, sino que es ganancia, porque así en alma participamos de la introducción a la gloria celestial esperando el día de la resurrección. Vivos o muertos le pertenecemos a Dios cuando creemos en Cristo, pues por su victoria sobre la muerte podemos vivir para la gloria de Dios, y también morimos para Dios, es decir, al morir no somos olvidados por Dios, sino que nos recibe en su presencia.

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