Hay gozo cuando en los padecimientos confiamos en el poder de Dios

Con gozo debemos aceptar los padecimientos cuando sabemos que Dios a través de ellos está lustrando nuestra vida, es decir, está obrando para que seamos mejores,  y a la vez disfrutemos más vivir para gloria de su nombre.

Algunas veces tenemos que sufrir, para que otros vean en nosotros la gracia de Dios que nos sostiene, la que nos fortalece y en la que somos victoriosos. De esta manera también estamos capacitados, para poder ayudar con la buena noticia; “que siempre hay esperanza en Dios a un en los peores tiempos,” por esto es que tenemos que aceptar con gozo los padecimientos, de otra manera en amarguras, enojos y en murmuraciones delante de Dios no podríamos estar bien.

Siempre que suframos, tendremos la oportunidad de recibir en nuestra debilidad el poder de Dios, aunque tenemos que decir, que también los incrédulos padecen en este mundo, la diferencia es que ellos no reciben la manifestación del poder de Dios en sus vidas, porque no lo reconocen como necesario, o simplemente porque no creen en Dios.

Esto provoca que en la vida interna de los incrédulos no exista contentamiento, aunque por sus posibilidades pueden tener la alegría pasajera, la cual ciertamente no les será suficiente siempre, porque la misma Biblia dice que; “la tristeza se convertirá en alegría y la riza en llanto”, refiriéndose precisamente a que muchos de los que hoy ríen después se lamentarán por haber despreciado a Dios en su vida.

Siempre que confiemos en Dios se glorificará en nuestras vida cuando estemos en adversidades, está gloria será porque hará notorio su poder y porque nuestra actitud de confianza, fidelidad y obediencia es lo que espera, ya que esto es la manifestación de que estamos bien y que aún estaremos mejor por confiar en su poder y no en el nuestro.

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