Somos salvos por la gracia de Cristo

Nuestras obras no tienen virtudes para que merezcamos la salvación, no son capaces de cumplir con las condiciones para que se cumplan las promesas de Dios en nuestra vida.

“Así que la ley vino a ser nuestro guía encargado de conducirnos a Cristo, para que fuéramos justificados por la fe. Pero, ahora que ha llegado la fe, ya no estamos sujetos al guía.” Gálatas 3:24-25 NVI

Nuestras obras deben ser el resultado de nuestra vida justificada gratuitamente en Cristo, porque por la sola fe en Cristo podemos recibir el perdón de pecados, y por lo que también nuestras buenas obras son purificadas de sus manchas.

Nuestras obras son recompensadas con las recompensas prometidas en la ley como si nosotros pudiéramos guardarla, pero como en verdad, no podemos cumplirla, por Cristo nuestro salvador, por su obediencia a la ley, y porque cumplió con las condiciones divinas para el perdón de nuestros pecados, nos es dado todo gratuitamente, por Cristo recibimos la vida eterna como galardón celestial. Cuando ponemos nuestra fe en Cristo, somos justificados de nuestros pecados, es decir, dejamos de ser culpables ante la justicia divina.

Reconozcamos que ninguna de nuestras mejores obras por sí solas tienen función y efecto espiritual, que no pueden agradar a Dios, sino solo cuando son miradas por Dios a través de Cristo. Por esto, aunque nuestras obras merezcan juicio y castigo, Dios las admite y nos abraza con amor y misericordia mediante la sola fe, y sin ayuda ninguna de nuestras obras nos reconcilia consigo mismo.

Solo por la bondad de Dios y con su tierno amor paternal honra nuestra fe y nuestras obras, aun cuando la fe es un don de él, y a pesar de que nuestras obras son muy sencillas e imperfectas. Así que, el agrado que Dios tiene de nuestra vida es por Cristo. Por todo esto, tenemos que decir, que Dios, sí espera nuestras obras como respuesta a su gracia, les presta atención, aunque sean muy pequeñas e imperfectas porque nuestros pecados las afean, pero él las perfecciona para agradarse de ellas.

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