Si no hay reconciliación la oración no significa nada

Hay un proceso de curación prometido por Dios cuando aprendemos a vivir juntos, cuando nos tratamos con amor y misericordia, cuando de manera personal y en comunidad aprendemos a vivir en torno a la gracia de Cristo que sana y perdona.

“El pecado es un mal que debe ser curado y Dios puede hacerlo, a través de la oración debemos buscar la sanidad del alma y del cuerpo. La oración que elevamos a Dios con fe, habiendo otorgado y recibido el perdón tendrá una respuesta poderosa”.

Debemos procurar ayudarnos en nuestras necesidades físicas, es decir, hay que orar por las enfermedades de nuestros hermanos, pero también debemos tratar con el pecado perdonándonos unos a otros, ya que en realidad todos pecamos contra Dios, y si no somos capaces de perdonar el pecado en contra nuestra, tampoco Dios perdonará nuestro pecado en contra suya.

El pecado no confesado o no perdonado obstruye nuestras oraciones y esto afecta las relaciones interpersonales con nuestros hermanos y con nuestro prójimo. Debemos confesar nuestras faltas delante de Dios, pero también debemos buscar la reconciliación a través del perdón con las personas que hemos ofendido, pues tenemos que aprender a pedir y a otorgar el perdón. De esta manera nuestras oraciones serán genuinas, sin hipocresías y seguramente Dios responderá a ellas.

Confesar purifica nuestro corazón, nos hace libres y podemos descansar. Una vida carente de perdón tampoco está en paz con Dios, con el prójimo, ni con él mismo. Debemos aprender a curarnos del mal los unos a los otros, a fortalecernos a través de mantener la unidad, pero, además, hay que procurar la respuesta de Dios en nuestras vidas y en la comunidad de fe, porque si aprendemos estar juntos nos pondremos de acuerdo con el pedir a Dios, y la promesas es, que si pedimos algo estando de acuerdo Dios lo concede.

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