Nuestro amor debe ser para el único Dios y para nuestro prójimo

Toda la ley en nuestra vida y toda nuestra conducta se debe regir por el amor, y es que Dios desde que nos creó manifestó su amor, pues todo lo que hizo fue para nuestro bien y como parte de nuestro sustento, y aún más, en la obra de creación nos mostró su amor, cuando nosotros no lo merecíamos. Así que, nuestra respuesta a Dios debe ser totalmente impulsada por el amor, porque fuera de él no hay nadie igual, ni quien haga lo que él hizo, hace y hará por nosotros.

“Jesús le respondió: El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es. Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos.” Marcos 12:29-31 RVR1960

Con todo lo que somos, tenemos y hacemos debemos manifestar amor al único Dios de amor. Todas nuestras decisiones, deseos, acciones, pensamientos, e intenciones deben estar regulada por esta ley del amor, y todo debe ser hecho con la mayor fuerza íntima de nuestro ser.

En todo Dios debe ser glorificado y honrado, pero además toda nuestra vida debe ir en dirección de su propósito, pues finalmente èl nos creó para su gloria y para que disfrutemos de él para siempre. Así que, glorificar a Dios y disfrutar a Dios van de la mano, y todo comienza con el reconocimiento de quién es él, lo que nos hará actuar como se debe delante de él, pero también, tendremos la confianza para esperar en sus bondades.

Así es como nuestro corazón, alma, mente y fuerza deben estar dispuestas a Dios para cooperar en su reino, pues mientras que vivamos en este mundo debemos ser conscientes y consistentes en el servicio a Dios y al prójimo, ya que Dios quiere que influyamos en todo con su evangelio, que es poder de salvación. El anuncio de la buena noticia del amor de Dios es teórico y práctico, ya que todos deben ver en nosotros el amor de Cristo, así los que se reúsen a escuchar el mensaje no podrán evitar verlo en nosotros a través de nuestro buen comportamiento por amor a Dios y al prójimo.

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