Sed de Dios

Dice la Escritura en el Salmo 63:1: “Dios, Dios mío eres tú; De madrugada te buscaré; Mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela, En tierra seca y árida donde no hay aguas”. Y este pasaje enfatiza verdades que son evidentes en la vida de los cristianos:

Que Dios es nuestro, no solo porque lo dice nuestra boca, sino porque hay una conciencia profunda de una relación íntima entre Dios y uno.

Que, derivado de esta relación profunda e íntima, existe una necesidad inherente de buscarle desde antes de que el sol salga. Esta búsqueda se traduce en una apertura a estudiar las Sagradas escrituras, que es el lugar donde encontramos el carácter de Dios y lo que Él quiere de nosotros.

Y Que esta búsqueda se hace más enfática cuando nuestra vida pasa por desiertos, lo cual hace que la sed por Dios se haga un acto de vida o muerte. Quien se diga cristiano ha de vivir en constante búsqueda de saber, entender y hacer lo que Cristo manda, sin importar las circunstancias de nuestra vida.

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