Vivamos confiando en Cristo y con la esperanza de un mejor porvenir

Sólo cuando confiamos en Dios podemos vivir esperanzados, superando adversidades, disfrutando cada instante, seguros de que nuestro recorrido por esta vida no es en vano, que Dios nos prepara para algo mejor, que cada cosa que experimentamos tiene un porqué en los planes de Dios.

“Así que vivimos confiados siempre, y sabiendo que entre tanto que estamos en el cuerpo, estamos ausentes del Señor (porque por fe andamos, no por vista); pero confiamos, y más quisiéramos estar ausentes del cuerpo, y presentes al Señor. Por tanto procuramos también, o ausentes o presentes, serle agradables.” 2 Corintios 5:6-9

Consideremos todas las cosas que Dios nos provee para disfrutar su gracia, a la ves que mediante ella su obra no pare en nuestro ser interior, de tal manera, que estemos siendo transformados a la semejanza de Cristo, para que en nuestro diario vivir Cristo sea en nosotros, con la certeza que un día nos reuniremos con él.

Dependamos siempre de Dios porque en este mundo caído hay días difíciles, pero el porvenir es glorioso con él, y al ser sostenidos aquí con su gracia podemos perseverar. Ciertamente hoy no podemos disfrutar plenamente la presencia de Dios, como será cuando estemos viviendo cara a cara en la eternidad, pero sí hay deleite al sentir su presencia espiritual, que es como un bálsamo ante el dolor propio de un mundo que aflige siempre, es como agua en sequedades y nuestro confortante reposo. No nos desenfoquemos de Dios, ni de sus promesas futuras en Cristo, mantengamos la fe y avancemos.

Siempre que pongamos nuestra mirada en las cosas celestiales y no en las de la tierra estaremos mejor, porque no nos guiamos por lo que se ve, sino por la palabra de la promesa, aquello que es sin que se pueda ver ahora, lo que vendrá y que nos dará mejor dicha. Lo maravillo es que todas las cosas que Dios nos asegura, podemos vivirlas hoy, aunque no plenamente, y que lo más importante es él mismo, quien se manifiesta día a día hasta que llegue el gran momento de nuestra reunión celestial.

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