La palabra de Dios es fiel y digna de ser obedecida

La palabra de Dios es digna de confianza y de ser obedecida, por eso Cristo es el cumplimiento de la palabra de Dios y la cumplió fiel mente. De tal manera, que hoy debemos aferrarnos a todas las promesas de Dios, creer que por la obediencia de Cristo somos salvos, y constantemente hay que consagrarnos a Dios, haciendo que su palabra sea la regla de nuestra vida, que el ejercicio de nuestra fe sea mediante ella y conociendo la voluntad de Dios para sujetarnos.

«Todo lo que Dios revela que sucederá, ocurrirá y nada puede ser menospreciado de lo que promete o exige como obediencia. Esto indica que Dios tiene el control de la historia y todo lo encamina para el bien y sus propósitos. Por lo tanto, no podemos quedarnos fuera de las bendiciones de Dios que quiere para nuestras vidas, por eso hay que evitar vivir indiferentes a él, porque, aunque ciertamente no lo podemos verlo con nuestros ojos, ni oír su voz con nuestros oídos, si tenemos su palabra con total autoridad y verdad.»

Todo esto que tenemos como verdad de Dios es necesaria en cuanto a lo eterno que debemos buscar, pero también para cada día, porque en la revelación de Dios encontramos su programa salvador, el cual durará toda esta era, es decir, mientras el cielo y la tierra no pasen, la palabra de Dios será útil para nuestras vidas.

La importancia de la ley de Dios es porque todo su contenido se refiere a Cristo, en un sentido, nos hace ver nuestra condición miserable y la necesidad de un salvador y, por otra parte, Dios da a conocer la promesa de nuestro redentor, por eso, al completar Cristo su obra en la cruz es el fiel cumplimiento de todo lo anunciado, lo cual ocurrió como anticipadamente se predijo.

Si el tema central de la Biblia es Cristo y la salvación, hay que evitar ser legalista, porque, al comprender el tema de la gracia de Dios, debemos concluir que la salvación no es por obedecer lo escrito, sino por creer en Cristo, por lo cual, prestarle atención a cada palabra del texto bíblico es como consecuencia de nuestra convicción en Cristo, no para que nos ganemos la salvación.

Debemos depender totalmente del Espíritu Santo para comprender la palabra, para que sea aplicada, echa efectiva en el corazón, para ser convencidos de nuestros pecados, de la necesidad de creer en Cristo y buscar la gracia de la salvación en él, seguros que todo se cumplirá como fue escrito.

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