Necesitamos intimidad con Dios

Tenemos que aprender a escuchar a Dios cuando oramos en medio del bullicio cotidiano, porque debe ser la voz de Dios la que nos guie siempre, la que marque la senda en la que tenemos que andar, pero también la que nos ayude a decidir, actuar y nos recuerde la esperanza de que con Cristo cada paso será prosperado. Nada debe distraernos o impedirnos buscar la presencia de Dios, debemos anhelar ser oídos por Dios y oír a Dios, lo cual es sumamente necesario para estar bien.

“Cada oración que hacemos debe estar basada en la palabra de Dios; en lo que nos promete y en lo que nos indica cómo debemos vivir. Po esto es por lo que en la intima oración también escuchamos a Dios.”

Hay que tomar un tiempo importante en el que entremos en intimidad con Dios, para atender su palabra, orar y reflexionar sobre la condición de nuestras vidas, analizando nuestras reacciones ante las circunstancias, porque el éxito ante todo emana de Dios cuando vivimos confiados y reverentemente. Y es que precisamente hay que aprender a actuar sujetos a Dios y confiando que su amor por nosotros nunca estará ausente ni en los peores momentos.

Necesitamos valorar nuestra intimidad con Dios, hay que ocupar el mejor tiempo, el mejor momento y lugar para estar asolas con él. Jesús nos enseña a buscar a Dios en lo secreto, para que, en lo público, en donde se oyen tantas voces y en nuestro andar cotidiano, Dios nos bendiga con la respuesta a nuestras oraciones y por nuestra confianza en sus promesas.

No vivamos de la apariencia o solo religiosamente, en realidad necesitamos momentos en donde sólo estemos con Dios, porque, así como hay que buscar a Dios íntimamente, lo real en nosotros está en lo intimo de nuestras vidas, y somos realmente como vivimos en lo secreto cuando nadie nos ve. La conducta que nos describe y el pensamiento que nos define es lo que nadie ve, pero que Dios conoce y nosotros también conocemos.

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